Recorrido Autoguiado

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Cada sitio en los terrenos de la misión está marcado con un símbolo de piedra. Toque o haga clic en el símbolo para obtener más información.
 
 
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Modelo de la misión

El objetivo de la colonización española era simple: rehacer la nueva España en la imagen de vieja España. Todos los aspectos de la vida diaria estarían sujetos a transformación—comida, idioma, ropa, agricultura y religión. En el modelo de la misión se pueden ver viviendas y talleres de adobe, terrenos agrícolas, ganado y la acequia principal. Una comunidad misionera podría ser considerada como una academia de entrenamiento residencial donde los indígenas aprendieron y adoptaron una nueva forma de vida. El plan era que el sacerdote misionero siguiera adelante después de diez años, cuando la comunidad pudiera sostenerse. De hecho, pasarían más de 100 años antes del siglo XIX, cuando se colocaron los primeros ladrillos para la iglesia misionera que ves hoy.

En solo unas décadas, Tumacácori paso de ser un pueblo O’odham a una visita fronteriza y luego una cabecera. Su gente también cambió. Los O’odham pasaron a ser conocidos como los “Pima” y los “Papago”, y sus tierras la Pimería Alta. Fueron bautizados con nombres españoles, se les dio ropa de estilo español, y se les asignaron trabajos españoles. Cuidaban ganado doméstico en lugar de cazar animales silvestres y regaban árboles frutales que fueron transportados a través del océano.

Hoy, la gente O’odham todavía lleva el legado de la colonización. Debido a que ellos no grabaron sus historias en un idioma escrito, explorar su historia requiere empatía, inferencia y respeto por la tradición oral de los O’odham. Los descendientes de las comunidades de la misión todavía viven a nuestro alrededor.

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Plaza comunitaria

En su apogeo de actividad, este espacio animado comunitario fue área de fondo para las vidas de casi 200 residentes de la misión. La gente caminaba desde aquí para asistir a los servicios de la iglesia, trabajar en el convento o ir a los campos, jardines y huertas entre la plaza y el río.

La lomita larga y baja a la izquierda del sendero protege lo que queda de las viviendas de adobe conectadas en una línea que corre de norte al sur. La ramada a la derecha se parece a una cocina al aire libre de una familia de la misión. Tome un momento para imaginar cómo era antes la comunidad de la misión: los sonidos de animales, niños corriendo y jugando en la plaza, bueyes y carretas yendo y viniendo. Aquí hay un pueblo en acción.

En la plaza se podían escuchar muchos idiomas diferentes. Algunos sacerdotes procedían de España, pero otros de Austria, Suiza, Italia o Baviera. Los O’odham tenía muchos dialectos. Los Yoeme, ahora conocidos como los Yaqui, hablaban un idioma totalmente diferente. Los Nde, ahora conocidos como Apache, compartían raíces lingüísticas con los Navajo.

La proximidad de los vecinos en el núcleo de la misión contrasta a los pueblos tradicionales O’odham. Allí, hogares familiares generalmente pueden agruparse, pero no comparten paredes, espacios cerrados, u otras instalaciones. La densidad de la comunidad misionera probablemente contribuyó a la propagación de enfermedades europeas como el sarampión, la viruela y el tifus.

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Fachada de la iglesia

Los maestros de obra españoles utilizaban tradiciones arquitecturales de a través del mundo. Los capiteles en la parte extrema superior de las columnas son de estilo egipcio. El diseño del arco emplastado sobre la entrada principal es romano. Las cimas puntiagudas de los nichos de las estatuas del segundo nivel provienen de la influencia del Medio Oriente (morisco) y el norte de África. Incluso, la concha de vieira del nicho en el campanario es un símbolo del santo patrón de España, el cual tiene orígenes romanos.

Las influencias españolas también llegaron a Tumacácori en forma de color. Las columnas al frente de la iglesia estaban pintadas rojas, los capiteles amarillos con marcas negras. Las estatuas estaban situadas en frente de un fondo azul en sus nichos. El emplaste de yeso sobre la entrada principal fue tallado y pintado para que parecieran bloques de mármol naranja. Todavía se puede ver pintura original en la entrada principal y debajo de la cornisa bajo la ventana.

El edificio monumental, con su combinación de colores brillantes y elementos decorativos, no se parecía a nada en la tradición O’odham. Anteriormente, características naturales como manantiales y montañas proveían la identidad y el nombre de una comunidad. Pero después de que los O’odham trabajaron durante más de veinte años para construir esta nueva cara para su pueblo, se convirtió en una característica del paisaje en sí misma y en un símbolo de la compleja historia de Tumacácori.

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Campanario

El campanario se construyó de tres niveles: el baptisterio se encuentra en el primer piso, la sala de preparación para el coro en el segundo, y los arcos y campanas en el tercero. Los nichos de conchas de vieira evocan a Santiago de Compostela, el santo patrón de España, e indican un baptisterio debajo.

Una campana colgaba debajo de cada uno de los cuatro arcos. Con imaginación, puedes ver a los niños y niñas O’odham parados en el suelo, jalando las cuerdas que cuelgan de la torre, señalando que empieza la misa. Los “cuarenta y nueves” en camino a la fiebre del oro de California, recordaron haber escuchado el sonido encantador de las campanas que sonaban a través del valle mientras se acercaban. Que le paso a esas campanas originales sigue siendo un misterio. Desde entonces han sido reemplazadas.

Las campanas sonaban muchas veces al día, señalando a los residentes de la misión cuando comer, trabajar y orar. Sin embargo, construcción de la torre nunca se completó. Los orificios redondos marcan el lugar donde los andamios de construcción aún soportaban el trabajo en progreso. Aunque el campanario parece estar en ruinas, ha cambiado poco desde que se fueron los últimos residentes en 1848. Los ladrillos cocidos de los arcos del campanario nunca recibieron sus últimas capas de yeso. Y si había intensión de construir una cúpula sobre la torre, tal vez nunca lo sabremos.

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Nave

Pase por la entrada arqueada y entre los restos de una nave impresionante, el salón central de la iglesia. En esta sala, los indígenas y colonos españoles rezaban y celebraban la misa todos los días. No había bancos. La gente se arrodillaba o se paraba durante los servicios. A lo largo de las paredes hay cuatro altares laterales donde se podrían colocar velas devocionales. En las paredes hay nichos donde estuvieron situadas vistosas estatuas de santos.

A lo largo de las paredes interiores, la deterioración y el desgate debido al clima ha expuesto los ladrillos de adobe, los cuales fueron hechos por los residentes de la misión. Las paredes estaban pintadas de colores brillantes. Fueron decoradas por las manos firmes de artesanos indígenas y españoles.

Con el amanecer del sol, las familias y las personas que vivían en la misión se dirigían a la nave para reunirse y comenzar el día. Es probable que hombres y mujeres fueron separados por sexos, la cual fue una costumbre de la época colonial. Aquí, los indígenas aprendieron y practicaron nuevas tradiciones religiosas en nuevos idiomas. Adoptaron un nuevo dios y establecieron una nueva perspectiva mundial bajo la dirección de los padres. En este espacio hubo lágrimas tanto de alegría como de tristeza. Hubo pérdida, celebración, aprendizaje y cambio.

Poco después de que los residentes se fueran en 1848, los colonos locales se llevaron las vigas del techo para usarlos en otro lugar. Durante los siguientes setenta años, la nave estuvo expuesta y fue dañada por el clima. Los saqueadores, en busca de un tesoro jesuita que nunca existió, escarbaron agujeros en las paredes y los pisos.

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Desván del coro

Mirando hacia la puerta principal de la iglesia, se puede ver el lugar donde estaba el desván del coro. Fíjate en la entrada al balcón en lo alto de la pared a la izquierda y las bases deterioradas de los dos pilares que sostenían el arco debajo de él.

La música jugo un papel importante en la vida de la misión, como siempre lo tuvo en la vida de los O’odham y Yoeme. Tumacácori probablemente tenía entre ocho y diez miembros del coro, tanto hombres como mujeres. También había músicos que tocaban instrumentos como oboe, flauta y cítara (guitarra), agregando floreo al sonido de las misas y otras ceremonias religiosas.

Los cantantes necesitaban memorizar hasta veinticinco canciones para las misas, los servicios y las procesiones de la comunidad. A pesar de que pocos sabían leer o escribir, aprendieron e interpretaron himnos y kyries en latín, griego, español y O’odham.

Si gustas puedes cantar unas barras de compás de tú canción favorita aquí. La excelente acústica del edificio no es un accidente: el sonido, junto con la altura, el color y la belleza del espacio, fueron diseñados para inspirar sentimientos de asombro y una sensación de poder y majestad.

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Bautisterio

A la derecha de la entrada de la iglesia hay una pequeña sala donde se realizaban los bautismos. El cuarto está construido de ladrillos de adobe secados en el sol, las paredes miden nueve pies de grueso con un núcleo de roca en el centro, lo cual sostiene el campanario arriba. La escalera (inaccesible para los visitantes por razones de seguridad) se dirige hacia el desván del coro, la sala de túnicas, y más arriba al campanario y al techo.

El bautismo fue el primer sacramento realizado por los residentes de la misión. Los adultos participaban en la instrucción religiosa para aprender sobre la doctrina de la iglesia católica. Los bebés eran bautizados por los padres con el permiso y en la presencia de los papás. A todas las personas bautizadas se les daba al menos una madrina o padrino a quien le correspondería proporcionar apoyo espiritual. En el baptisterio, la religión católica se convirtió oficialmente en parte de la vida de los miembros de la comunidad.

¿Cómo se sintieron los nuevos conversos al ser bautizados? ¿Tenían aprensión? ¿Orgullo? ¿Tendrían que renunciar a sus creencias tradicionales o podrían practicar todas sus creencias espirituales simultáneamente? Quizá nunca lo sabremos. Sin embargo, una cosa es cierta, este cuarto fue un espacio de transición y cambio.

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Santuario

El santuario, todavía adornado con restos de las pinturas y adornos originales, marcos de cuadros, y estarcidos, se puede ver como el corazón de la iglesia. Aquí, el sacerdote, vestido con vestimentas de colores brillantes, dirigía la misa. Durante las partes más sagradas de la ceremonia, el padre cantaba las palabras mirando hacia el altar, con su espalda a la congregación. Las escrituras se leían del púlpito, el cual fue reconstruido en la pared al este cerca al santuario. El servicio se realizaba en una combinación de latín, español y O’odham.

Parados bajo la alta cúpula, se puede imaginar las decoraciones pintadas con colores brillantes en las paredes y techos, la luz de las velas parpadeando, los parroquianos arrodillados en la nave, el sonido de los cantos, oraciones y canciones reverberando por el cuarto. La combinación de estas cosas intentaba crear una distancia mental del trabajo arduo del día que ocurre justo afuera de las puertas.

Las personas O’odham y Yoeme de la misión podrían haber encontrado extraños los rituales de la misa católica después de la primera introducción. La práctica de arrodillarse, ponerse de pie y luego arrodillarse nuevamente, durante una ceremonia realizada principalmente en lenguas extranjeras, fue sin duda confusa para algunos. Sin embargo, con el tiempo, estas costumbres extrañas se convirtieron en algo familiar y se mezcló con las creencias espirituales y religiosas de las comunidades indígenas. Hoy en día, muchas personas O’odham y Yoeme practican esta tradición religiosa singularmente entrelazada.

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Sacristía

La sacristía funcionaba como la oficina del sacerdote. Aquí se encontraban las vestimentas sagradas y otros objetos para la misa. Un sacerdote pasaba muchas horas trabajando con la luz de velas en esta sala, grabando en papel los eventos importantes del día como bautismos, matrimonios y muertes. Los registros de la misión son un tesoro de información, pero requieren cierta habilidad para interpretarlos. Fueron escritos a mano con pluma y tinta negra en español que ahora es anticuado. Los detalles personales, especialmente las perspectivas de las mujeres, los miembros de la comunidad O’odham, Yoeme y Nde, son difíciles de extraer.

Después que los habitantes de la misión abandonaron Tumacácori por última vez en 1848, la iglesia se convirtió en refugio y la sacristía en su alojamiento principal. La protección de sus muros gruesos ofreció un refugio bienvenido a los que viajaban hacia California en busca de oro, y a los soldados y vaqueros mexicanos y estadounidenses. Estos peregrinos cansados grabaron sus nombres y la fecha de su visita no en los libros de registro de la misión, sino en las paredes. El techo oscurecido y los muchos nombres son prueba de los fuegos numerosos encendidos, cenas cocinadas, y cuentos contados en este espacio.

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Cementerio

Los O’odham y sus vecinos practicaban tradiciones complejas para los entierros. Los muertos estaban bien vestidos, frecuentemente se incluían algunos artículos personales, y eran enterrados en una cavidad y cubiertos con rocas. Los O’odham a veces quemaban artículos que habían pertenecido a la persona que falleció y le pedían al difunto que estuviera en paz y no volviera a molestar a los vivos. Hoy en día, continúa una mezcla de creencias y ceremonias tradicionales y católicas entre los O’odham.

Los catorce nichos en las paredes que rodean el cementerio hubieran ocupado pinturas o esculturas católicas de las “Estaciones de la Cruz”. En el centro se encuentra la capilla mortuoria redonda. El plan quizá era de cubrir el edificio circular con una cúpula. Una familia podía pasar tiempo con su ser querido fallecido en este cuarto antes del entierro.

Aunque existen registros de los entierros de Tumacácori de 1755 hasta 1825, el primer entierro en este cementerio ocurrió en 1822. El primer cementerio estaba al lado de la iglesia de la época de los jesuitas. Muchos de los que fallecieron fueron víctimas de las terribles epidemias de viruela, sarampión y tifus que arrasaron por las misiones. Algunos murieron durante los ataques de los Apaches. La mayoría de los entierros de Tumacácori fueron niños menores de cinco años.

Aunque los registros describen casi 600 entierros en Tumacácori, cualquier evidencia de tumbas de la era de la misión fueron destruidas por el clima, ganado y vándalos. Familias que se mudaron a esta área después de que los residentes O’odham se fueron continuaron usando este cementerio para enterrar a sus difuntos. La pequeña Juanita Alegría, quien murió de influenza a los nueve meses en 1916, fue la última persona enterrada en Tumacácori.

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Almacén

El almacén fue una estructura de dos pisos y la parte más alta del complejo del convento. Los escalones amplios se dirigían al segundo piso, el cual era sostenido por vigas pesadas de pino. Los pinos fueron trasladados desde las alturas de las montañas de Santa Rita. Las vigas en si estaban sostenidas por dos pilares gruesos de adobe. Al lado derecho de la entrada hay depresiones donde se colocaban ollas grandes de barro llenas de semillas y granos, los cuales guardaban para sembrar la próxima temporada.

Las sobras y déficits del almacén eran la medida del éxito o el fracaso de la misión. Un almacén con buen suministro permitía que compraran ropa y otros recursos. Repisas vacías indicaban estrés.

El almacén también encarnaba la nueva jerarquía corporativa de estilo europeo de la comunidad y contrastaba con el estilo de gobernación basada en consensos de los O’odham. Los alimentos cosechados se guardaban aquí y luego se distribuirían semanalmente. Sin embargo, el portero del almacén podría negar el acceso al suministro. Acceso a la comida dependía de que cumplieran con las reglas de la misión.

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Complejo del convento

Aunque comúnmente se confunde el término “convento”, el convento de Tumacácori no tiene nada que ver con una vivienda para monjas. El convento era la parte operativa de la misión. Funcionaba como un espacio comunitario de trabajo y un centro gubernamental. Hubiera sido un espacio viviente con los sonidos de gente hablando, trabajando, y moviéndose aquí y allá.

Los cuartos se alinean en forma de U alrededor de un patio central. A lo largo de la sección al norte, donde todavía se puede ver una lomita elevada larga, las evidencias arqueológicas sugieren que aquí se encuentra una cocina, herrería, carpintería, una sala para tejer, área para trabajar el cuero de ganado, y molino para grano. El almacén es todo lo que queda de la sección del oeste del convento. La sección al sur incluía la habitación del sacerdote, oficinas, y una entrada arqueada que se dirigía al patio interior. El patio central probablemente estaba plantado con árboles, flores ornamentales, y plantas medicinales y para consumir. Una arcada, un pasillo techado con arcos apoyados sobre columnas y bancos empotrados a lo largo, se encontraba frente a los cuartos. Hubiera sido un lugar sombrado, atractivo, y agradable para juntarse con y saludar a los vecinos. La arcada y el jardín del patio del centro de visitantes se construyeron para replicar esta experiencia.

Para los residentes O’odham, el convento de la misión pudo haber sido un lugar donde la tradición y el cambio chocaban. Una multitud de herramientas, tecnologías y alimentos nuevos ahora estaban disponibles. En lugar de yuca o fibras de algodón, un tejedor podría usar lana. En lugar de hueso o piedra podían fabricar herramientas de metal. Pero la adopción de estos cambios tuvo un costo social y cultural.

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Calera

La mayoría de las estructuras de la misión están hechas de ladrillos de adobe. Tierra y agua se mezclan hasta formar pasta espesa. La pasta se echa a formas rectangulares de madera hasta llenar bien el molde y luego se deja secar al sol. Este estilo eficiente que utiliza la tecnología de construcción con tierra se ha utilizado a través de miles de años, pero requiere mantenimiento constante. La humedad, ya sea del suelo o precipitación, deteriora los ladrillos de adobe, rendiendo la estructura inestable.

Los españoles favorecían la aplicación de yeso de cal como capa protectora en sus edificios de adobe. Se recolectaron muchas toneladas de piedra caliza y se trasladaron a los hornos de cal (caleras) de la misión. Se encendía un fuego debajo de una parrilla de metal y las altas temperaturas “cocían” la piedra caliza durante varios días hasta que se podía machucar en un polvo fino. Luego, ese polvo se mezclaba con agua y arena para hacer una pasta que se podía aplicar en capas sobre las paredes de adobe.

Recolección de piedra, mezclar yeso, y revestir las grandes estructuras requería el trabajo de muchos trabajadores. Para los O’odham, la calera probablemente representó un cambio significante en su estilo de vida. Anteriormente, vivían en un paisaje variable, en edificios que cambiaban con él. La visión del mundo europea priorizaba la permanencia y el desafío al desgaste y erosión natural. Este cambio influiría como la gente de la región vivía y pensaba durante los siglos por venir.

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Cimiento de la iglesia jesuita

El padre Eusebio Francisco Kino celebró por primera vez una misa en Tumacácori en 1691 bajo una ramada (estructura para dar sombra) construida por los O’odham que vivían aquí. En ese momento, el pueblo estaba ubicado al otro lado del río Santa Cruz.

Aunque eligió a Guevavi como la cabecera donde viviría el sacerdote, él y otros sacerdotes continuaron visitando Tumacácori, cantando la misa y atendiendo los asuntos misioneros. No hay registro de que se haya construido una iglesia de adobe cuando el pueblo estaba en el lado este del río.

En noviembre de 1751, un grupo de O’odham organizados por el capitán general Luis Oacpicagigua (“Ahk-pee-ah-CUK-ya”) se rebelaron contra los españoles y los Yoeme que se habían mudado a sus tierras. El conflicto resulto en el abandono de las comunidades misioneras durante más de un año.

Los españoles comenzaron a construir un presidio, un puesto militar, en Tubac. Cuando todos regresaron, el pueblo de Tumacácori se trasladó a esta ubicación, la cual estaba más cerca y en el mismo lado del río que el nuevo presidio.

El cimiento que vez enfrente de ti es la huella de la primera iglesia de la comunidad, la cual fue construida en la primavera de 1753. No se sabe la fecha en que se terminó de construir, pero se sabe que estuvo en uso en el verano de 1757.

Esta pequeña iglesia permaneció bajo la dirección de los sacerdotes jesuitas hasta que fueron expulsados en 1767. Un año después llegaron los franciscanos para seguir el proyecto misionero en la Pimería Alta. Ellos continuaron usando este edificio hasta que la iglesia nueva estaba lista para uso en 1822.

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Fragmento del convento

Solo quedan dos partes del complejo del convento, el cual originalmente tenía tres lados: el almacén de dos pisos en la esquina al noroeste, y este fragmento. Justo enfrente de usted estaba la entrada arqueada que se dirigía hacia el patio del convento, adornado con una pequeña cúpula arriba. El padre también vivía en esta sección del complejo.

Originalmente, Tumacácori fue solo una visita, una estación que misioneros católicos visitaban de vez en cuando. No fue hasta 1768 que Tumacácori se convirtió en una cabecera, una misión donde se encontraba un residente sacerdote. Esto probablemente causó una interrupción significante para los O’odham de Tumacácori. Con solo visitas ocasionales del sacerdote, podían continuar abiertamente con sus prácticas religiosas y tradiciones sociales. Ahora, bajo la mirada atenta de un sacerdote residente, tenían que ocultar esas prácticas para conformar con los valores españoles y católicos.

Esta estructura continuó sirviendo a la comunidad de Tumacácori mucho después de la era de la misión. A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, esta sección del convento sirvió como residencia, escuela y luego como museo del nuevo Monumento Nacional de Tumacácori. El piso con diseño “Herringbone” (espina de pez) fue duplicado y protege el piso original debajo de el en una habitación. Más que cualquier otra estructura aquí, se han tratado muchas técnicas de preservación para protegerlo.

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Tinas

Directamente frente a la estructura más importante, más simbólica y decorada de la misión hay tres tinas, las cuales su propósito sigue siendo un misterio.

Las primeras excavaciones encontraron una superficie de cal hidráulico cubriendo las tinas, lo cual sugiere que estaban diseñadas para prevenir la penetración del agua. Sin embargo, los arqueólogos e historiadores no están de acuerdo tocante su función original. Algunos se refieren a ellos como cisternas. Otros teorizan que proporcionaban “cañería de agua interior” al convento. Otros miran hacia el campanario, el cual nunca fue terminado, como evidencias de que las tinas cumplían una función en la preparación de piedra caliza a yeso.

Las paredes laterales son reconstrucciones. No sabemos si originalmente las paredes estaban construidas más arriba sobre el nivel de la tierra. ¿Cuál es tu teoría?

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Melhok Ki

La palabra O’odham para casa es ki (“kee”). Melhok (“MOOro”) es la planta puntiaguda conocida en español e inglés como ocotillo. Antes de la llegada de la construcción con ladrillos de adobe de España, los O’odham construían casas redondas hechas de ramas y arbustos cubiertas con capas de barro. Cuando la lluvia remueve parte de la capa de barro, siempre había una nueva capa para aplicar. Con el tiempo, los O’odham adoptaron habitaciones cuadradas los cuales eran preferidos por los españoles.

La casa también incluía un wa:ato (“WAH-ah-toe”), o ramada de mezquite, y un recinto de ramas para cocinar. El interior del ki daba refugio durante las noches frías, pero la mayoría de las actividades del hogar se llevaban a cabo debajo o alrededor del wa:ato. Aunque muchos residentes de la misión vivían en las habitaciones de adobe de estilo español en frente de la plaza y la iglesia, es posible que algunos hayan seguido viviendo en hogares tradicionales.

Los O’odham todavía construyen y usan estructuras como esta. Construidas de troncos largos de mezquite, ramas de ocotillo, costillas de saguaro, y barro. Este fue construido en 1997 por los O’odham de la comunidad de San Xavier utilizando herramientas tradicionales. Cuando lo terminaron, fue dedicado a San Francisco Xavier, el santo patrón de padre Kino.

 
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Acequia

Para los O’odham viviendo en el desierto, a las niñas les correspondía correr varios kilómetros todos los días en la mañana a traer agua a casa de su familia. Cuando se acercaba la temporada de las lluvias, las familias se mudaban a lugares donde canales poco profundos podrían dirigir el agua a sus campos. Los O’odham que vivían cerca de un río redirigían el agua del río directamente hacia los campos de maíz, frijoles, calabazas, agave y melones.

Con los españoles llegaron las ideas europeas de irrigación. La estructura de ladrillos de adobe al frente de ti es parte de la acequia madre, el canal principal que traía agua hacia la misión del río Santa Cruz aproximadamente una milla hacia el sur. El lado más angosto podría cerrarse, elevando el nivel del agua para satisfacer varias funciones. Como compuerta, dirigía el agua hacia la huerta al este. Como tanque de agua, era conveniente para llenar ollas de barro y llevar agua a las casas para beber y cocinar. Debido a que tenía una superficie roja pulida, probablemente también se usó como lavandería, o lugar para lavar ropa y platos, e incluso posiblemente para bañarse.

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Huerta

El saguaro y el cactus órgano, los cuales generalmente se encuentran en elevaciones más bajas, proporcionaban a los O’odham con un gusto anual de fruta dulce y jugosa. La cosecha de fruta del saguaro se celebra con baile, canto y cuentos, y la preparación y el tomar del vino de fruta de saguaro, esencial para llamar a las nubes que traigan las lluvias de verano.

El establecimiento de una misión trajo nuevos frutos, importados de Europa y considerados esenciales para una vida “civilizada” por los sacerdotes y colonos. Como agricultores, los O’odham les dieron la bienvenida a estos nuevos cultivos. El trigo, cultivado durante el invierno, proporcionaba una cosecha durante una temporada de recursos limitados. Los caballos, el ganado, las ovejas, las cabras y los pollos proporcionaron transporte, labor, fibra, y fuente conveniente de proteína.

El complejo de la misión incluía un jardín y huerta amurallado, protegiendo el contenido de los ciervos y el ganado. Arboles nativos, incluyendo el cumbro (Celtis reticulata), crecen a lo largo de los cimientos de esas paredes de adobe. Dentro del espacio original de 1.86 ha (4.6 acres), la comunidad cultivó vegetales y árboles frutales. Los árboles favoritos trasladados desde Europa incluían durazno, granada, membrillo y higo. Tan recientemente como en 1938, los duraznos crecían al borde de la acequia de la misión, estabilizando el bordo y aprovechando la humedad que se filtraba a través de las paredes de barro.

Los árboles frutales que ve aquí hoy crecieron de semillas y esquejes de árboles frutales de variedades antiguas – propagados de árboles antiguos que se encontraban en huertas y patios históricos en todo el sur de Arizona. La nueva huerta se dedicó en 2007.

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Bosque de mezquite

Los bosques de mezquite (bosques pequeños) alcanzan su máximo crecimiento cerca a los ríos del desierto o donde sus largas raíces pueden llegar al agua subterránea. Esta diversa comunidad de plantas sostiene a una gran biodiversidad de insectos, aves y mamíferos. Hoy, el bosque de mezquite de Tumacácori protege especies en peligro como el Cuclillo Pico Amarillo (Coccyzus americanus) y otras especies poco comunes. El bosque le proporcionó a los O’odham, y más tarde a los españoles, con leña, medicinas, y comida.

Las flores de mezquite dan polen y néctar para fauna en la región. Las flores están agrupadas en espigas alargadas llamadas amentos. Cuando se fertilizan, las flores forman vainas verdes largas como de frijol. Crecen y maduran durante el verano, cambiando a color moreno claro con rayas rojas. Las vainas se pueden comer en todas las etapas de su crecimiento.

Los O’odham las comía como verdura cuando estaban verdes, y las vainas maduras las molían para obtener una harina dulce con sabor a nuez. La semilla es preferida por muchos animales, incluyendo las liebres, ratones, rata-canguro, ratas montera y los jabalís.

Dos especies de mezquite se encuentran en esta región, Prosopis glandulosa (mezquite miel) y Prosopis velutina (mezquite terciopelo), P. velutina domina el paisaje de Tumacácori. Algunos teorizan que la introducción española de ganado aceleró la expansión de los bosques de mezquite en la Pimería Alta.

 
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Sendero de Anza

El río Santa Cruz ha sido una carretera de comercio donde muchos han pasado. La gente prehistórica siguió el río para comerciar con vecinos. Los O’odham cultivaban tierras a lo largo del río, utilizando la llanura aluvial y los bancos bajos para sus cultivos. Más tarde, los misioneros y exploradores dependerían de estas redes existentes para colonizar el área.

En 1775, una expedición de aproximadamente 240 personas y casi mil cabezas de ganado siguieron este río durante la primera parte de su viaje a establecer el primer asentamiento europeo en la bahía de San Francisco. El Sendero Histórico Nacional Juan Bautista de Anza fue designado para conmemorar este movimiento masivo e importante de colonos a través de esta región.

Hoy día, el Sendero Anza conserva esta historia importante al mismo tiempo que proporciona un espacio valioso para recrear al aire libre. En Tumacácori el sendero atraviesa hábitat que sostiene la más diversa población de aves migratorias fuera de los trópicos.

Los excursionistas, corredores y ciclistas pueden usar el sendero. Incluso un paseo casual conecta a visitantes con los residentes y viajeros de la historia.

 
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Río Santa Cruz

El Río Santa Cruz es una vía de agua internacional. Comienza en el Valle de San Rafael, fluye al sur hacia México, luego cambia dirección de nuevo hacia los Estados Unidos. Aquí, fluye del sur al norte, y finalmente se une con el Río Gila. El río crea un hábitat esencial y un corredor de vida silvestre para especies amenazadas y en peligro de extinción.

Donde la roca subterránea es menos profunda, el agua es forzada a la superficie. Los O’odham instalaron sus pueblos en estos lugares, para aprovechar de una fuente de agua segura. Los colonos hicieron lo mismo.

El río proporcionaba no solo agua para beber y para regar los cultivos, sino también un hábitat para la red de vida compleja que sostenía los asentamientos humanos. Proporcionaba cada canasta, comida, articulo de ropa, medicina y práctica cultural. Literalmente, cada elemento que una persona tocaba a lo largo de su vida se conectaba directamente con el río Santa Cruz.

Hoy día, el hábitat de álamos y sauces a lo largo del rio Santa Cruz es uno de los hábitats poco comunes en los Estados Unidos— y está en peligro de extinción. Las comunidades de plantas y animales del río y la calidad del agua están amenazadas por el cambio climático y el uso moderno de las tierras a su alrededor. La sección de río que fluye por Tumacácori consiste casi totalmente de aguas residuales que han pasado por un proceso de depuración. Este tratamiento se lleva a cabo en la Planta Internacional de Tratamiento de Aguas Residuales de Nogales en Río Rico, Arizona. Aunque esta agua suplementaria ha permitido la recuperación de poblaciones del Gila topminnow (Poeciliopsis occidentalis) en peligro de extinción, no es adecuada para el consumo humano. Evita el contacto con el agua en el rio.

 
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Terreno de la fiesta

El evento anual, la Fiesta de Tumacácori, se lleva a cabo en esta área cada año durante el primer fin de semana (sábado y domingo) de diciembre. El evento empezó en 1965 con una misa católica en honor al padre Eusebio Francisco Kino dentro de la iglesia de la misión. En 1971 el evento anual incluyo la misa conmemorativa y actividades adicionales durante el resto del día. La Fiesta rápidamente creció y el espacio en frente de la iglesia no era adecuado así es que se movió a este terreno que había sido cultivado.

Cada año, la Fiesta de Tumacácori reúne a personas de todas las culturas del Valle de Santa Cruz durante dos días de celebración. Cada cultura tradicional de Tumacácori está representada en música y baile. Se invita a las organizaciones locales sin fines de lucro a que proporcionen información tocante su organización y que vendan artículos artesanales y alimentos tradicionales. Artesanos que representan las culturas O’odham (Tohono O’odham y Pima), Yoeme (Yaqui), Nde (Apache), y tradiciones mexicanas y mexicoamericanas muestran sus habilidades y comparten sus culturas con personas de todo el mundo.

 
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Ramada para cocinar

Cuando obtuvo su independencia de España, la nueva nación de México no valoró a las misiones por su propósito original de convertir a los nativos a ciudadanos de España. Los sacerdotes nacidos en España fueron deportados, incluyendo el último sacerdote residente de Tumacácori en 1828. Las familias de la misión permanecieron aquí otros veinte años. Por razones que no grabaron en registros, los residentes de Tumacácori se mudaron en 1848. Las mujeres cargaron en sus espaldas las canastas con los preciosos santos a San Xavier del Bac. Dejaron atrás su iglesia, cementerio, campos, y hogares.

Con la compra de Gadsden en 1854, Tumacácori se convirtió en parte de los Estados Unidos. El sistema de reservas para personas indígenas de los EE. UU. limitó el territorio legal de los O’odham a cinco reservaciones: las naciones de San Xavier, Tohono (desierto) O’odham, Gila River (Río Gila), Salt River (Río de Sal), y Ak-Chin Pima (Pima del Río).

Hoy día, los Tohono O’odham y Pima son conocidos por sus canastas hermosas, tejida con materiales recolectados en los desiertos y ríos de su tierra natal. Los Yoeme (Yaqui) son famosos por sus tallas de madera y danzas religiosas, los Apache por sus abalorios. Muchos todavía hablan los idiomas de sus antepasados.

Después de cientos de años de mezclar, casarse, crear nuevas familias y mezclar tradiciones, resultó un grupo nuevo: el mestizaje de México. Sabores como chiles, carne asada y tortillas reflejan esta mezcla de orígenes. Compartir alimentos tradicionales, recién hechos en cocinas como esta, nos conecta con nuestra herencia compartida.

 
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Jardín del patio

Las misiones ocuparon el diseño de sus jardines de la tradición española, el cual replica tradiciones arquitectónicas árabes, moriscas, y romanas. Un jardín español ideal incorporaba un patio amurallado con una fuente central y tenía abundante sombra, fragancia, y color.

Estos jardines presentaban principalmente plantas importadas de Europa que fueron transportadas al nuevo mundo por los padres. Cada planta era valiosa: por importancia cultural, religiosa o simbólica, valor medicinal o alimenticio, y sombra o estética. La tranquilidad de estos espacios naturales unió a las comunidades españolas e indígenas para saborear valores culturales comunes: belleza y utilidad.

El jardín del patio en Tumacácori fue construido en 1939 como parte de la construcción de la era “New Deal” del centro de visitantes. Su diseño, al igual que el del centro de visitantes, fue inspirada por otras misiones de la Pimería Alta. Participaron varias agencias, pero los diseños originales fueron realizados por dieciséis jóvenes empleados por el Civilian Conservation Core (CCC). Se dejaron tres árboles de mezquite nativos en su lugar y continúan creciendo en el jardín. El olivo (Olea europaea), el granado ornamental (Punica granatum) y el árbol casto (Vitex agnus-castus) sobreviven hasta hoy. Cuando se tuvo que quitar el albaricoque (Prunus armeniaca) original, una semilla de ese árbol proporcionó su reemplazo.

 

Last updated: February 12, 2021

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