3. Tradiciones Intelectuales

Leonor Villegas de Magnon
Leonor Villegas de Magnon, Proyecto para la Recuperación de la Herencia Literaria Hispánica de EE.UU.

Imaginando y (re)visando la nación: tradiciones intelectuales de los latinos

Nicolás Kanellos

 

            Los latinos han residido en Norteamérica desde antes de la llegada de los europeos del norte a Jamestown y Plymouth. Ellos ya vivían en las tierras que después fueron colonias británicas, para acabar convirtiéndose en los primeros estados de la República de los Estados Unidos (EE.UU.). Por supuesto, su población más grande residió en lo que llegarían a ser después las zonas sureste y occidental de los EE.UU., México y el Caribe, la mayoría de lo cual sería conquistado y/o adquirido por unos EE.UU. en expansión durante la segunda mitad del siglo XIX. Ya fuera antes o después de su incorporación a los territorios de los EE.UU., la gente en el futuro se llamaría “latinos” o “hispanos” tenían una rica historia intelectual, al haber introducido las primeras lenguas escritas de Europa, la cultura literaria y las universidades. De igual manera, ellos reflexionaron y escribieron sobre todos los asuntos culturales y científicos que pensamos hacen parte de la tradición occidental. Ellos continuaron esta rica tradición intelectual en los territorios que hoy pertenecen a los EE.UU.

            Durante el transcurso de la historia de los EE.UU., los Latinos han razonado, bregado y escrito sobre los temas políticos y filosóficos más importantes de la construcción nacional durante el siglo XIX y comienzos del XX: 1) el significado y la implementación de la democracia, especialmente a partir del establecimiento de una república liberal; 2) sus derechos culturales y civiles bajo el dominio de los EE.UU.; 3) su creciente sentimiento nacionalista; y 4) los retos particulares que significaban la esclavitud y la privación de derechos de las mujeres en una república democrática que no había alcanzado plenamente sus ideales.

            Desde el primer momento, los latinos reflexionaron y opinaron sobre estos temas, escribiendo y publicando discusiones filosóficas, humanistas, científicas y políticas sobre los temas más importantes que actualmente consideramos parte de la herencia intelectual de los EE.UU. Lo consiguieron a través de discursos en la arena pública, libros, publicaciones periódicas y los salones de clase; de hecho, las primeras escuelas en el continente fueron escuelas de misioneros administradas por frailes españoles. De igual manera las primeras prensas y periódicos en el oeste y el sureste del país fueron publicaciones en español. Aunque a continuación mencionemos solo algunos individuos que tuvieron gran impacto en la difusión de las ideas intelectuales, estos activistas y pensadores no estuvieron solos a la hora de desarrollar, articular y publicar tan importantes ideas; sino que por el contrario, eran miembros de comunidades de intelectuales, escritores y activistas políticos quienes les ayudaron a perfeccionar sus ideas. De hecho, se necesitarían varios libros si se quisiera trazar adecuadamente la historia del desarrollo del pensamiento latino. Por este motivo, este ensayo es solo una incursión inicial dentro de esta rica y compleja historia intelectual. La tradicional historia anglo y eurocentrista en los EE.UU. ha ignorado consistentemente la historia intelectual latina; sin embargo, hoy en día, esta tradición intelectual, al igual que la de otras etnias y grupos minoritarios e incluso de las mujeres, es fundamental para lograr un total entendimiento de nuestro desarrollo como nación.

            Las contribuciones de los latinos a la civilización de las Américas, incluyendo lo que después sería la vida y cultura en los EE.UU., comienza durante el periodo de exploración y colonización e incorpora legados de la vida estadounidense tales como el desarrollo tecnológico para la agricultura, ganadería, minería, manejo de recursos naturales, etc., la mayoría de los cuales pueden atribuirse a la cultura mestiza (mezcla de europeos, africanos y nativos americanos), la cual surgiría no sólo al sur de la actual frontera sino también en las tierras que serían parte de lo que hoy es EE.UU. No obstante, el punto de partida de este ensayo será el momento justo después que los EE.UU. se independizaran del imperio británico y establecieran una nueva forma de gobierno.

            Desde los inicios de la república estadounidense, los intelectuales latinos han luchado por: 1) llevar a sus países de origen los ideales democráticos aprendidos en los discursos de los “Padres Fundadores” de los EE.UU. al igual que los textos de la Declaración de Independencia, los Documentos Federalistas y la Constitución estadounidense y 2) exigir la implementación de estos nobles conceptos entre las minorías y las personas sin derechos civiles dentro de los límites de la nueva república. Al principio estos intelectuales procedentes de todas partes de las Américas, tan lejos como del Río de la Plata y Perú llegaron a Filadelfia, Baltimore y Boston para adquirir estos conocimientos, traducirlos y llevarlos a diversas regiones de la Nueva España con el objetivo de prepararse para la independencia de la “madre patria” y de esta manera crear una base ideológica sobre la que establecer sus propias repúblicas. La mayor parte de estos pensadores políticos fueron atraídos hacia Filadelfia a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, no sólo porque fuera en ese entonces la capital de los EE.UU., sino también porque había varias imprentas disponibles que hicieron realidad la idea de la “libertad de prensa” para los españoles y los criollos, cuya misión era adaptar los principios democráticos y republicanos de los EE.UU. a textos que serían transportados clandestinamente al Caribe y tan lejos al sur como el Río de la Plata.

 

La lucha por la independencia y la democracia

            La primera de las colonias españolas en proclamar (1810) y más tarde obtener (1821) su independencia fue México, y numerosos revolucionarios independentistas mexicanos estudiaron las ideas provenientes de la joven EE.UU. Aun más importante para nuestro ensayo es el hecho que la semilla de una Texas independiente y cuna de la primera cultura latina fue emitida desde Filadelfia y propagada por todo el territorio de Texas por uno de los traductores y divulgadores de las ideas democráticas liberales: José Álvarez de Toledo (1779 – 1858). Criollo nacido en Cuba y educado para servir como oficial en las filas de la marina española, Álvarez Toledo fue nominado al Congreso español en el exilio (las Cortes) para representar a Santo Domingo durante la época de la ocupación napoleónica en España. Asociándose con otros representantes liberales de las Américas y participando en organizaciones clandestinas que discutían nuevas formas de gobierno inspiradas en EE.UU., Álvarez de Toledo conspiró con revolucionarios para luego exiliarse en Filadelfia, lugar en que siguió confabulando con muchos otros migrantes procedentes de lugares tan lejanos como Perú. Mediante artículos de prensa, panfletos políticos y discursos subversivos, Álvarez de Toledo fue capaz de expresar ideas tales como: “los dieciséis millones de habitantes que ocupan este hermoso continente jamás han sido representantes para el gobierno ni los administradores en Europa, sino como una horda de miserables esclavos que deben obedecer ciegamente todo lo que se les ordene y en profundo silencio besar las mismas cadenas que les han arrastrado desde los tiempos de Cortez y Pizarro”.1

            La contribución particular de Álvarez de Toledo a la liberación de las Américas fue ayudar a organizar la invasión de Texas y afianzarla en la base ideológica de la democracia liberal. En 1811 publicó un panfleto subversivo, Mexicanos, llegado es el tiempo señalado por la Providencia para que sacudáis el yugo bárbaro…. El mensaje instaba a la independencia de México, basándose no solamente en los derechos del hombre y similar lenguaje a la declaración de independencia de los EE.UU., sino además profetizando una identidad indígena para los mexicanos y por extensión, para todos los hispanoamericanos:

 

“MEXICANOS: llegado es el tiempo

señalado por la Providencia para que

sacudáis el yugo bárbaro, y afrentoso, con

que por el espacio de casi 300 años os

oprimió ignominiosamente el despotismo

insolente. Ahora quiere el Gobierno de

Cádiz obligaros a que continuéis

arrastrando las mismas cadenas, con que

is aprisionaron los Reyes de España, los

cuales no tenían sobre vosotros más

autoridad, que la que vosotros mismos les

prestasteis para ser por ella gobernados

[...] Yo os consejo, ilustres hijos de

Moctesuma, que no envainéis vuestras

espadas hasta no haber reestablecido el

orden, y dado entera libertad a vuestro

país.” 2

 

            Parece poco probable que desde un lugar tan lejano en ese momento como era Filadelfia. Álvarez de Toledo, o cualquier otra persona a tal efecto, estuviera distribuyendo manifiestos a los mexicanos sobre sus derechos a elegir a sus gobernadores. Sin embargo, esto ocurrió precisamente cuando Álvarez de Toledo estaba conspirando junto con José Bernardo Gutiérrez de Lara (1774–1841), un herrero de Revilla en el río Grande, para obtener apoyo por parte del gobierno y comerciantes estadounidenses para impulsar la invasión de Texas. De hecho, Gutiérrez consiguió copias de este manifiesto para distribuirlas durante la invasión que fue, en su mayoría, llevada a cabo por mercenarios y aventureros norteamericanos. Además, Álvarez escribió otro panfleto, El amigo de los hombres, el cual fue distribuido por Gutiérrez y sus tropas. Más tarde Álvarez se hizo con una impresora, aprendió tácticas obstruccionistas del gobierno de los EE.UU. y bajó a Nacogdoches, Texas, donde redactó y mecanografió el primer periódico de Texas, La Gaceta de Texas (1813) en La Casa de Piedra. La campaña de Álvarez y Gutiérrez tuvo éxito en vencer a las fuerzas monárquicas por un año, tiempo durante el cual se redactó una constitución para Texas, pero el sangriento contraataque de los españoles puso fin al primer intento republicano de Texas.

            Los ciudadanos texicanos (mezcla de estadounidenses y texanos) y tejanos (mexicano-texanos) finalmente consiguieron su independencia, no de España, sino de la reciente nación de México en 1836. De hecho, fue un intelectual mexicano –Lorenzo de Zavala (1788-1836), el primer vicepresidente de Texas– quien participó en la redacción de la constitución mexicana, trabajó en el Congreso y lideró la escritura de dicha constitución así como de las primeras leyes de la República de Texas. Años de agitación entre conservadores y liberales siguieron a la independencia mexicana y en consecuencia el liberal Zavala tuvo que exiliarse en 1830. Posteriormente, Zavala aprovechó a viajar por EE.UU. y de este modo, ser testigo de la vida, la cultura y la legislación estadounidenses. En 1834 publicó su libro Viaje a los Estados Unidos de Norteamérica, precediendo no solamente el exitoso libro de Alexis de Tocqueville Democracia en América (1835), sino además ofreciendo una visión diferente y más profunda de la democracia en este país.

            No obstante, Zavala era ambivalente en su opinión sobre lo que vio y en cómo aplicarlo a México. Llegó a afirmar que los mexicanos habían seguido muy de cerca (casi servilmente) el ejemplo de los EE.UU. En esencia Zavala, en tanto una de las primeras figuras transnacionales, tenía la ventaja de poder comparar las culturas mexicana y estadounidense, al igual que sus sistemas legislativos y gubernamentales como parte de su objetivo por promover la soberanía mexicana. Su intención era resaltar lo mejor de ambos mundos y en la parte final de su libro, animó a los mexicanos a crear su propia nación precisamente al tener la oportunidad de escoger de ambas tradiciones. Mantengo la importancia del particular papel que desempeñó Zavala en el desarrollo de la constitución de Texas. Además sostengo, que este incipiente biculturalismo –después de todo la constitución de Texas fue bilingüe, al igual que otras constituciones de estados del suroeste fundados después de 1848– benefició la vida y la cultura no solo de Texas sino, eventualmente, de los EE.UU. en su totalidad.

            Al redactar la constitución mexicana, Zavala abogó por un gobierno liberal y federal, en contraposición a un gobierno centralista, uno de los mayores problemas con el que más tarde tendrían que lidiar los tejanos y texicanos al rebelarse en contra del gobierno centralizado y déspota de Santa Ana. Además, Zavala no sólo luchó por los derechos los indígenas y mestizos en México, sino que además lideró los esfuerzos en ese país para acabar con la esclavitud.3 Zavala se trasladó a la provincia mexicana al norte de Texas con la esperanza de poder construir una utopía, 4 donde la biculturalidad (un término del siglo XXI) ayudaría a mediar entre la cultura y la política de México y la de los EE.UU. De hecho, lo que hicieron Zavala y los demás redactores de la constitución de Texas fue escoger lo que les resultó más conveniente y adecuado tanto de la legislación mexicana como de la estadounidense.

           

Contribuciones latinas a la legislación estadounidense.

            La República de Texas aprobó e incorporó las leyes méxico-españolas y posteriormente lo hizo el estado de Texas en 1850. Incluyeron diversas leyes relacionadas con el consumo del agua, la protección de la propiedad privada, un único sistema judicial y la definición de las familias y los derechos de sus miembros; actuando específicamente en áreas donde se percibía que las leyes estadounidenses habían sido deficientes. Además de las leyes que regulaban los derechos de propiedad y agua; las que menos se valoraban pero tenían una mayor importancia eran las relacionadas con el ámbito familiar. El concepto legal español de bienes gananciales se reguló en la República de Texas y luego en sus leyes estatales, aunque eventualmente acabó siendo un principio fundamental para todos los estados de la nación norteamericana. Según la ley estadounidense, la propiedad le pertenecía exclusivamente al esposo y, después de su fallecimiento, la esposa solo tenía derecho en vida a una tercera parte de dicha propiedad. Asimismo, el concepto latino de pareja de hecho también se convirtió en una ley en Texas. Algunos académicos consideran que incluso el derecho a declarar impuestos en pareja, deriva precisamente del concepto de bienes gananciales. 5

            Numerosos otros conceptos relacionados con el derecho familiar mexicano-español fueron incorporados dentro de código legal de Texas y eventualmente en el estado mismo al igual que en otros estados norteamericanos. De igual manera, los hijos nacidos de uniones de hecho tenían el derecho de ser tratados como hijos legítimos y podían heredar de ambos padres, madre y padre. Asimismo, los hijos adoptivos tenían los mismos derechos que los biológicos y además podían reclamar sus derechos por parte de sus padres biológicos. En los últimos años se han escrito varios libros sobre la influencia de los conceptos legales hispanos en la manera que se construyó el sistema legal de los EE.UU., sin embargo pocos de éstos han logrado reconocer la importancia de figuras como Zavala, quien fuera pionero en la prever conceptualmente la idea de una nación bicultural para EE.UU. que fomente y garantice el mestizaje legal.

 

Desde las costas de EE.UU. los latinos lideraron los movimientos independentistas en el Caribe

            Mientras que Zavala trabajaba en una constitución para la recién independiente nación mexicana, en el noreste de los EE.UU. los latinos provenientes del Caribe aún estaban luchando por su independencia de España. El movimiento independentista más prolongado en el hemisferio fue el de las colonias españolas en el Caribe: Cuba y Puerto Rico. De éstas cabe anotar que gran parte de su lucha independentista tanto como los primeros pasos en la construcción de su nación fue ideada, financiada y escrita desde las costas de los EE.UU. Similar a sus predecesores hispanoamericanos en Filadelfia, los cubanos y los puertorriqueños aprendieron todo lo que pudieron de sus anfitriones estadounidenses, y al igual que Gutiérrez y Zavala (lo hicieran) antes que ellos, también buscaron apoyo y financiamiento por parte de oficiales del gobierno y promotores comerciales de los EE.UU.

            Uno de los primeros y más ilustres exiliados cubanos fue el cura y filósofo Félix Varela (1788–1853), fundador en Filadelfia en 1824 del periódico El Habanero, el cual trasladó a Nueva York en 1825. Con el sobrenombre de “diario literario, científico y político”, El Habanero mostró abiertamente su apoyo por la independencia de Cuba de España. Varela estableció el precedente de imprimir y publicar desde el exilio para luego hacer circular estos trabajos dentro de las islas de Cuba y Puerto Rico. Por otra parte, Varela fue uno de los expatriados que más activamente trabajó traduciendo el liberalismo estadounidense al igual que la organización del gobierno, tal y como apareció en 1826 su traducción anotada de la obra de Thomas Jefferson, Manual de práctica parlamentaria: para el uso del Senado de los Estados Unidos. Los textos de Varela sobre filosofía y educación, la mayoría de los cuales fueron publicados en EE.UU., fueron muy exitosos y conocidos en Cuba, convirtiendo a Varela en el escritor más popular de la isla, a pesar de la existencia de una “conspiración de silencio” que prohibía mencionar su nombre en público.6 Es realmente extraordinario el hecho de que Varela lanzara El Habanero y que continuara publicando desde el exilio en Nueva York, Filadelfia, Nueva Orleans, Key West y Tampa junto con otros cubanos y puertorriqueños, teniendo en cuenta la escasa tradición de la industria editorial en estas islas bajo el control y la censura del gobierno español.

            A pesar de sus escritos independentistas, las conspiraciones en que participó además de las múltiples asambleas políticas que organizó, Varela jamás pudo ser testigo de una Cuba liberada e independiente. Hasta cierto punto Varela se americanizó mediante el trabajo social que hacía con inmigrantes irlandeses en Nueva York, contribuyendo con su pensamiento teológico y filosófico a la iglesia católica en EE.UU. Varela se crió en San Agustín, una colonia española en el este de Florida, antes de que este territorio fuera adquirido por los EE.UU. Se educó y fue ordenado sacerdote en La Habana y ya en el año 1822 era considerado el filósofo más importante de la isla. En sus discursos y publicaciones Varela promovió sus ideas y conceptos sobre la democracia liberal como un derecho otorgado por Dios al hombre, lo cual le sirvió para convertirse en un perseguido de las autoridades españolas. Al igual que Álvarez, Varela también fue electo en las cortes de España, desde donde abogaba por la libertad de las colonias españolas y la abolición de la esclavitud. Cuando el rey Fernando VII regresó al trono después de la retirada de las tropas francesas de España, a Varela le prohibieron regresar a Cuba y fue entonces cuando se exilió en EE.UU. en 1823. Desde Filadelfia y Nueva York continuó militando por la independencia y el fin de la esclavitud. Varela trabajó en diversas iglesias en estas ciudades, convirtiéndose en un líder ecuménico y, en particular, liderando campañas en contra del alcoholismo, por lo menos una década antes de que el padre Theobald Mathew comenzara a hacerlo entre las congregaciones estadounidenses en el año 1849. Desde 1830 en adelante, Varela editó revistas para niños y adultos católicos. De éstos destaca su trabajo en favor de la población infantil ya que sirvió de libro de texto para la educación de la población católica en los EE.UU. Varela se dedicó a preparar la infraestructura legítima tanto social como política de la iglesia Católica en EE.UU. Uno de sus objetivos en vida fue lograr afianzar la fe católica en el país basándose en los valores de la libertad y la democracia. Varela se retiró en San Agustín en 1850, lugar donde falleció en 1853.

 

La lucha por los derechos civiles y humanos

            La muerte de Varela a mitad del siglo coincide con un decreciente idealismo latinoamericano en relación con la democracia liberal en EE.UU. Desde comienzos del siglo XIX, la joven república estadounidense estaba llevando a cabo un programa expansionista, que motivó la incorporación forzada de territorios antes dominados por los españoles. Desde Florida a Luisiana, pasando por Texas y culminando con la guerra contra México, la cual concluyó con la obligada anexión a los EE.UU. de más de la mitad del territorio del norte de México, el expansionismo estadounidense se basó en el mensaje colonialista de la “Doctrina Monroe” y en el racismo mesiánico del “Destino Manifiesto”. En ese momento los latinos tanto dentro como fuera de los EE.UU. temían por sus derechos y soberanía, mientras que aún luchaban por hacer realidad la democracia en tanto habían sido recientemente declarados ciudadanos estadounidenses en el sur y el suroeste, al igual que en las nuevas repúblicas al sur de la frontera.

            Los periódicos en español desde Nueva York hasta Los Ángeles se convirtieron en el espacio en que se pudieron expresar las preocupaciones y reclamos acerca de la discriminación religiosa y racial contra los hispanos, quienes en ese momento ya eran ciudadanos estadounidenses, mientras que al mismo tiempo la mirada imperialista del “Tío Sam” se enfocaba en otras partes de México y Centroamérica. Ese objetivo imperialista llevaría a la incorporación de Cuba, Panamá, Puerto Rico y las Islas Vírgenes como colonias de EE.UU. y a repetidas intervenciones militares en República Dominicana. El expansionismo económico y la política extranjera de los EE.UU. siguieron promoviendo cada vez más la migración de personas de estas regiones para trabajar en los campos y fábricas del país norteamericano. La mano de obra latina se iba a convertir en otro producto importado, tal como lo eran las materias primas y los productos agrícolas explotados e importados por compañías estadounidenses. Después de la Guerra Civil y la abolición de la esclavitud en los EE.UU., la industria agropecuaria y diversas empresas de construcción de vías férreas intensificaron la importación de mano de obra barata a la vez que convertían a la población mexicana del sureste en proletarios.

            Uno de los primeros intelectuales latinos que pudo ver la relación entre los factores externos e internos del expansionismo norteamericano y la ideología de la superioridad racial en los EE.UU. fue Francisco P. Ramírez (1837–1908), nacido en Los Ángeles cuando aún era parte de México. Como muchos otros latinos en la costa este y en el sureste, Ramírez estaba orgulloso de convertirse en ciudadano norteamericano y tenía la esperanza de ser cobijado bajo los mismos derechos que otros ciudadanos de acuerdo a la Constitución de este país y su Carta de Derechos. En 1855, cuando aún era un adolescente, fundó El Clamor Público. En su faceta de editor del periódico, Ramírez alentaba a los hablantes de español a que aprendieran inglés, que estudiaran la Constitución y ejercieran sus derechos. En varias ocasiones Ramírez demandó de las autoridades el respeto a la Carta de los Derechos de EE.UU. y les pidió que ejercieran su función en tanto salvaguardas de los derechos culturales y de la propiedad reglamentados en 1848 en el tratado de paz con México. Sin embargo su indignación creció en la medida en que esos derechos civiles y de propiedad no fueron preservados. Por el contrario, observó cómo se intensificó la discriminación en contra de los californianos cuando a éstos se les despojó de sus tierras y fueron sujetos a la justicia de la muchedumbre, la cual era acompañada de linchamientos. Ramírez desafió la ideología del Destino Manifiesto, su vínculo con el imperialismo estadounidense y las tendencias genocidas. Al contrario que los editores angloamericanos en el oeste, él nunca estuvo a favor del control y el exterminio de los nativos americanos. También le desilusionó mucho el hecho de que la esclavitud se continuara practicando en los EE.UU., a pesar de los nobles ideales expuestos en la Declaración de Independencia y la Carta de Derechos.

             Durante los cinco años que Ramírez publicó El Clamor Público, éste alcanzó un alto nivel de análisis político y social a pesar de su corta edad y experiencia, algo inusual entre los intelectuales latinos en Texas, la costa este y la América española. Ramírez fue uno de los primeros latinos en analizar la expansión imperialista de EE.UU. y la amenaza que esto representaba para América Latina –incluso vinculó esta amenaza externa para Latinoamérica con la opresión que tanto él como los demás latinos habían enfrentado dentro de las fronteras de EE.UU. Ramírez logró tal conocimiento de la situación interna y externa de los latinos tanto dentro como fuera de los EE.UU. al leer más o menos 50 periódicos por semana en tres lenguas diferentes: francés, español e inglés, los cuales llegaban a Los Ángeles en barco procedentes de Centro y Suramérica. En su análisis, Ramírez anticipó por décadas el concepto por el que se conocería a José Martí de “vivir en las entrañas de la bestia”, al igual que la lucha de este último por la solidificación de una identidad, propuesta en su ensayo “Nuestra América”. Ramírez llegó a considerar su comunidad en el sureste como una parte de “Hispano- América”. Si bien su misión al iniciar la publicación de su periódico era la defensa de los californianos, con el tiempo se dio cuenta que su verdadero objetivo era la salvaguardia de todos los hispanoamericanos. Luego de algunos años cerró el periódico, ya había desarrollado una conciencia transnacional que promovía un pan-hispanismo. En su búsqueda por la comunidad y la nación hispana, Ramírez constantemente cruzaba las fronteras, tanto territoriales como culturales y políticas. Todo ello fue una odisea que le permitió conocer y apreciar una amplia noción de América Latina en oposición al Coloso del Norte.

            En su brillante ensayo del 6 de junio de 1858, Ramírez articuló su visión del mundo hispano dentro y fuera de los EE.UU.:

 

“… en la tierra de Washington y Franklin, donde se ven a cada instante violados los derechos de la humanidad, la forma natural y viviente de cada pueblo, o invadida la soberanía de las naciones. Las conquistas efectuadas recientemente en México, desmembrando la mitad del territorio nacional, los escandalosos sucesos de la América Central, las pretensiones injustas sobre los naturales de Panamá en Nueva Granada, las reclamaciones de la Isla de las Aves en Venezuela, Galápagos en el Ecuador y Lobris en el Perú, las pretensiones sobre las Antillas, sea por la fuerza de las armas o por razón de la enajenación, que en el lenguaje de la moral de las naciones es la última expresión de la ignominia, etc. etc. … aquí en compendio el mapa delineado en la imaginación desmesurada de la gran República Federal, que se extenderá hasta Buenos Aires si no se la detiene en la carrera de las conquistas. ¿Será factible esa fusión de razas y de lenguas, de costumbres y religiones, para fundar un pueblo único de cien naciones diferentes absorbiendo los estados latinos y ensanchando la democracia continental con detrimento de los intereses vecinos? No, mil veces, no, es el grito de la opinión popular y no, mil veces, no es el eco que repiten todos los miembros descendientes de la raza de Gonzalo de Córdoba y del Cid contra esta tendencia perniciosa que protegen sus leyes y principios: cada hispano‐americano cual otro Aníbal en todas partes enemigos sempiternos que venguen las rapiñas y usurpaciones de su

patria… 7           

            Sentimientos similares a los de Ramírez fueron constantemente manifestados por la primera persona mexicano-estadounidense en escribir novelas de ficción en inglés: María Amparo Ruiz de Burton. Mujer adinerada y terrateniente del sur California, casada con un oficial de ejército de los EEUU, Ruiz Burton escribió bajo el seudónimo “C. Loyal”, el cual no revelaba ni su identidad étnica ni su género –su correspondencia devela todas las limitaciones y el oprobio al que estaban sometidas las mujeres de su época. Su novela rosa ¿Quién lo hubiera pensado? (Who Would Have Thought It?) (1872) deconstruye las relaciones raciales y de género en el noreste estadounidense durante la época de la Guerra Civil y su novela El ocupante y el Señor (The Squatter and the Don) (1885) documenta la manera en que el monopolio de los ferrocarriles y los bancos conspiraron para privar a los californianos de sus tierras. Igual que hizo Ramírez, Ruiz de Burton fue capaz de relacionar la expansión por el oeste con los planes imperialistas de EE.UU. sobre América Latina. Tal y como Rosaura Sánchez sostiene: “el espacio ficticio le permite al escritor expresar la retórica demócrata liberal y denunciar no sólo las prácticas imperialistas en el extranjero sino el colonialismo, el racismo, el clasismo y las prácticas en contra de los nativos en casa”. 8

            Bajo una perspectiva que nos es muy contemporánea, Ruiz Burton acusó a los monopolios y las corporaciones por el poder que tenían sobre los legisladores y el Congreso. Además criticó la discriminación racial y cultural, incluso dentro de las filas abolicionistas del Norte. En ¿Quién lo hubiera pensado?, sutilmente hace una alegoría al “declive de una concepción romántica de la política y el desenmascaramiento de las ideologías liberales y demócratas”9. De esta manera, mientras atacaba la perversión en la vida real de los ideales democráticos de la nación, Ruiz de Burton también estaba reflejando el desencanto de los intelectuales latinos y latinoamericanos con el proyecto estadounidense, que alguna vez les había ilusionado por su excepcionalidad y verdadero carácter democrático y liberal.

            Obviamente Ramírez y Ruiz de Burton fueron capaces de alcanzar una perspectiva bicultural no solo por sus experiencias culturales y lingüísticas, sino además porque vivieron en la frontera, donde dos puntos de vista del mundo se encuentran, revelando, así, la traición de los ideales y derechos “americanos” redactados en los documentos que dieron origen a la nación estadounidense. Otro residente que se benefició de la experiencia de vivir dentro y fuera de los EE.UU. fue José Martí, quien se convirtió en el pensador más admirado en el mundo hispanohablante. Gracias a incansables esfuerzos organizativos en Nueva York, Tampa, Key West y Nueva Orleans, a la recaudación de fondos y la presión sometida por los trabajadores del tabaco, la redacción y la exposición de elocuentes discursos políticos y la publicación de ensayos variados en español e inglés, José Martí fue el intelectual latinoamericano por excelencia “el hombre de acción”, a la vez que se convertía en el líder del modernismo literario en Hispanoamérica.

            Nacido el 28 de enero de 1853 en La Habana, Cuba, y fiel seguidor del ejemplo de Varela, Martí vivió durante más de 14 años exiliado en los EE.UU. y dedicó su vida a la causa de la independencia cubana de España. También intentó crear las bases para una solidaridad e identidad Hispanoamericana, para así poder presentar un frente unido contra la amenaza que representaban los EE.UU., lo cual quedó elocuentemente expresado en su ensayo “Nuestra América”. En Nueva York Martí publicó un periódico, Patria, como un fórum para el movimiento revolucionario cubano y en donde se advertía en contra del expansionismo estadounidense, el capitalismo, a la vez que se desenmascaraban monopolios y se desmitificaba la democracia liberal,10 entre otros asuntos. “Lejos del “melting pot” (la mezcla racial) explica Martí, “los EEUU son una nación dividida, un lugar de conflicto y odio con base en la región, la clase, la raza o la etnia: aquí la libertad no se comparte por igual” y la democracia es corrupta y débil.11

            Fueron los interminables viajes de Martí por todo EE.UU. los que le permitieron observar sus dinámicas internas, sus culturas nativo americanas y afroamericanas, al igual que sus viajes por el sur del hemisferio lo que le llevó a crear una visión generalizada de la vida en el Nuevo Mundo y la necesidad de que los hispanos, tanto de fuera como de dentro “del vientre de la bestia” –término que éste acuñó para referirse al imperialismo estadounidense–, permanecieran firmes y preservaran su identidad y soberanía continental. Al igual que sus predecesores mencionados anteriormente, a Martí le exasperaba el racismo tanto en Latinoamérica como en EE.UU. Viajó ampliamente por el sur de Jim Crow e informó acerca del linchamiento y la segregación que sufrían los negros. Sus influyentes ensayos, “Mi raza”12 y “”Nuestra América” imaginaron un futuro sin separación de razas ni vestigios de esclavitud.

            Sin embargo, fue el estrecho colaborador de Martí, el afro-puertorriqueño Arturo Alfonso Schomburg (1874–1938) quien contribuyó de manera más profunda al entendimiento de la herencia africana, no sólo en las Américas sino en el mundo entero. Con tan solo un título de la escuela superior obtenido después de mudarse a Nueva York en 1891, Schomburg llegó a ser el secretario de la organización revolucionaria cubano–puertorriqueña, Las dos Antillas. Además, fue el secretario de las reuniones masónicas de los latinos. Luego de la guerra con España, se involucró fuertemente con la comunidad afroamericana en Nueva York. Schomburg rápidamente se convirtió en el bibliógrafo de la diáspora africana más importante en ese momento, escribió libros y artículos y acumuló la más grande y multilingüe biblioteca sobre la cultura africana en EE.UU., en el hemisferio y en el mundo. El conocimiento que coleccionó, analizó y propagó ha sido percibido como uno de los elementos esenciales del movimiento cultural surgido con anterioridad a la segunda Guerra Mundial, mundialmente conocido como el Renacimiento de Harlem (Harlem Renaissance). Muchos afrocaribeños han sido estigmatizados por asuntos raciales tanto en las islas como en territorio estadounidense, sin embargo Schomburg se identificaba orgullosamente a sí mismo como “negro” y fue aceptado como líder entre la población afroamericana de artistas e intelectuales de su época. En 1920, llegó a ser presidente de la prestigiosa Academia Negro- Americana (American Negro Academy) y a día de hoy, su extensa colección de materiales sobre la diáspora africana hace parte de la sección de literatura, pinturas e historia negra en la conocida biblioteca pública de Nueva York. Schomburg alguna vez escribió que “la historia debe restablecer lo que la esclavitud tomó del Negro, su glorioso pasado para actuar como un estímulo para inspirarlo. El orgullo por la raza es el antídoto contra el prejuicio”.

 

Definición del colonialismo y el imperialismo modernos

            Una vez que Cuba y Puerto Rico se convirtieron en colonias de los EE.UU., la lucha por los derechos democráticos de los cubanos y puertorriqueños tanto en las islas como en el continente continuó; ahora enfocándose en la cuestión de la opresión racial en el continente y en la libertad y la independencia en las islas. En el siglo XX, fue un afropuertorriqueño quien asumió la vanguardia de la lucha nacionalista: Pedro Albizu Campos (1891–1965). En la tradición de apasionados y elocuentes oradores, tal como Martí, gracias de sus discursos13, escritos y liderazgo Albizu Campos llegó a ser una de las figuras políticas más relevantes e influyentes de Puerto Rico en el siglo XX. Albizu Campos revitalizó el movimiento independentista y se convirtió en un crítico abierto del racismo tanto en Puerto Rico como en el continente. Albizu estudió derecho en Harvard, sirvió en el ejército de los EE.UU. durante la primera Guerra Mundial, para luego vincularse al Partido Independentista de Puerto Rico, del cual asumió su presidencia en 1930. Bajo su dirección este partido apoyó diversas organizaciones obreras colaborando en diferentes huelgas por toda la isla. No obstante la opresión oficial se intensificó, al punto en que en 1935 hubo una masacre llevada a cabo por la policía. Al año siguiente, en 1936, fueron asesinados varios líderes de este partido y Albizu Campos fue encarcelado por romper las leyes de sedición de los EE.UU. y llevado a una prisión federal en Atlanta hasta 1943. Le retiraron la ciudadanía estadounidense y sin embargo, cuando fue liberado volvió a convertirse en el líder del Partido. En 1950 Albizu Campos fue detenido nuevamente cuando un grupo de independentistas atacó la residencia del presidente Harry S Truman y aunque su sentencia fue aplazada en 1953, se retomó solo un año después en 1954 cuando un grupo de nacionalistas puertorriqueños dispararon en la Cámara de Representantes. Desde entonces Albizu Campos permaneció detenido, aunque sufrió graves problemas de salud y fue hospitalizado, hasta su muerte en 1965.

            En ensayos y discursos como “Observations on the Brookings Institute Report”,14 Albizu Campos acusó el despotismo de los EE.UU. y sus títeres dentro de la clase gobernadora de la colonia, protestó también contra los propietarios ausentes y contra la falta de determinación del pueblo puertorriqueño. Además, imputó la presencia del ejército de los EE.UU. en la isla así como la imposición del inglés y su uso exclusivo en las escuelas, al igual que la traición a los valores democráticos que representaba el sometimiento colonial que EE.UU. ejercía sobre Puerto Rico. Albizu Campos equiparó la situación de Puerto Rico a la esclavitud en los EE.UU., haciendo eco de su propia experiencia por ser descendiente de africanos en la isla, lo cual le llevó a condenar abiertamente el racismo y las desigualdades raciales en la isla. Su discurso en Lares, en septiembre de 1950, elocuentemente articuló este concepto:

            “No se puede pronunciar un discurso cuando los recién nacidos de la patria se están muriendo de hambre, cuando los adolescentes de la patria están siendo envenenados por el peor virus: la esclavitud. Cuando los adultos tienen que salir despavoridos de Lares (su ciudad natal) y no tienen si quiera salida a países extranjeros distintos del poder enemigo que nos oculta. Tienen que ir a EE.UU. a ser esclavos de los poderes económicos de los tiranos de nuestra patria. Son los esclavos que van a Michigan por necesidad para ser burlados, ultrajados y pateados. No se puede pronunciar ningún discurso cuando ese tirano se siente con derecho de arrancar del corazón de las madres puertorriqueñas a sus hijos para mandarlos a Corea, o al infierno, para que los maten o para que acaben matanto ellos a inocentes coreanos… 15

            En “El concepto de Raza”16 Albizu Campos refutó lo biológico y el fenotipo en la definición de la raza para optar por el significado español del término “raza” en tanto unidad cultural de los pueblos del mundo, como cuando a través del descubrimiento de las Américas las líneas de sangre de los pueblos de Europa, África y el hemisferio occidental se mezclaron en una sola identidad cultural. Esto representaba su esperanza de que los latinos fueran el ejemplo y presagio de la eliminación de las distinciones y superioridades raciales. Albizu Campos va más allá en la evolución del sueño de entendimiento e integración racial de Martí.

 

La lucha de los latinos por su país y el regreso al hogar para reclamar sus derechos civiles

            Mientras que Albizu Campos hacía todo lo que podía para romper los lazos de Puerto Rico con los EE.UU., otro veterano de la primera Guerra Mundial estaba luchando por la integración y la implementación de los Derechos Civiles para su gente: Alonso S. Perales (1989–1960), en San Antonio, Texas. Perales se encontraba entre los veteranos que regresaron de ambas guerras mundiales, donde sufrieron la mayor cantidad de bajas a la vez que obtuvieron la mayor cantidad de medallas al valor, para luego regresar a los EE.UU. y exigir el cumplimiento de los derechos que le correspondían como ciudadano estadounidense. Perales fue un activista y abogado de base, y junto con otros veteranos como José Luz Saenz fundaron y lideraron varias organizaciones de derechos civiles, aunque a ambos se les recuerda por ser cofundadores en 1929 de la Liga de Ciudadanos Latinos de los EE.UU., la organización de derechos civiles que aún permanece y cuenta con numerosas sucursales en EE.UU. y Puerto Rico. Infatigable orador y escritor durante más de 50 años, Perales publicó columnas en periódicos, tuvo un programa de radio y publicó tres volúmenes de ensayos y discursos, además de mantener una activa vida como cabildero no remunerado para el progreso de los mexicano estadounidenses a través de la lucha por sus derechos constitucionales y educación. Perales insistió en que los mexicanos debían conservar su cultura a la vez que mantenían su ciudadanía estadounidense.17 Perales animó a diversos activistas a que participaran en diferentes partidos políticos y trabajaran por la aprobación de diferentes leyes en la asamblea legislativa y el Congreso de Texas para ilegalizar la discriminación basada en la raza. Asimismo, en una petición que evocaba el trabajo de Ramírez, Perales pidió respeto por los derechos de los mexicano-estadounidenses y el fin de la segregación y abusos como linchamientos.

            Lo que anhelamos es el respeto de nuestros derechos y privilegios inalienables. Nosotros quisiéramos igualdad de oportunidades en diversos campos de la vida al igual que ante las cortes de justicia. Quisiéramos que las personas de ascendencia mexicana que violaran las leyes que gobiernan el país fueran juzgadas por profesionales competentes de justicia y no que sean linchadas (…) Quisiéramos ir al teatro, a los restaurantes, a los salones de baile o cualquier otro establecimiento cuyas puertas estén abiertas al público en general, en el momento que queramos hacerlo. No queremos ser expulsados, como ocurre frecuentemente, con la mera excusa de nuestro origen racial. En pocas palabras, pedimos justicia y la oportunidad de prosperar.18

            EL trabajo pionero que llevó a cabo Perales como activista y pensador influyó en gran medida el pensamiento mexicano-estadounidense a través de su uso delespañol en columnas de prensa, editoriales y cartas en el periódico La Prensa y otras publicaciones. Del mismo modo fue influenciado el pensamiento académico a través de su constante correspondencia con el profesor Carlos Castañeda, un historiador acreditado y reconocido por sentar los fundamentos de una metodología para la recuperación de la historia, la apertura de oportunidades educativas para los latinos y la creación de una base intelectual para el movimiento chicano de la década de los años 60. Muchos de los líderes del movimiento, como José Ángel Gutiérrez, se toparon por primera con vez los trabajos de Castañeda o Américo Paredes, en sus clases de la universidad. De los cuatro líderes más reconocidos –Gutiérrez, Reies López Tijerina, Rodolfo “Corky” González y César Chávez– solamente Gutiérrez logró difundir su pensamiento en mayor escala a través de medios impresos. Hubo otro líder de este movimiento: Enriqueta Vásquez (1930 - ), una gran desconocida en parte por la orientación masculina del nacionalismo chicano, y que en realidad se convirtió en portavoz y crítica de las políticas nacionalistas del movimiento mexicano–americano de derechos civiles de los años 60 y comienzos de los 70. Vásquez fue unas de las primeras integrantes de un grupo de feministas latinas quienes en las siguientes décadas definirían y articularían los derechos de las mujeres de la misma manera que se hacía con la lucha de la comunidad latina por sus derechos legales, económicos, educativos y culturales.

            Con la profunda y variada experiencia de los trabajadores pobres del campo, el abuso conyugal y finalmente algunos cursos universitarios, Enriqueta Vásquez llegó a ser una de las voces más influyentes del Movimiento Chicano, precisamente por la pasión y la claridad de pensamiento que caracterizaron sus columnas semanales en el reconocido periódico El Grito del Norte, publicado en Española, Nuevo México, de 1968 a 1973. Los textos de Vásquez estaban a la vanguardia del nacionalismo cultural chicano que pretendía recuperar un pasado indígena como estrategia para luchar contra la abrumadora presión que ejercía en su población el establecimiento angloamericano. Vázquez fue una luchadora incansable contra la discriminación, el racismo y el sexismo a la vez que intentó unir el feminismo a la ideología nacionalista del movimiento. “Vásquez fundamentalmente aceptó el nacionalismo chicano como una estrategia para luchar por la liberación y la autodeterminación de la raza. Estaba convencida que el nacionalismo cultural no tenía que ser una ideología restrictiva ni limitante para las mujeres. Por el contrario ella criticó como la construcción masculina del nacionalismo equiparaba la tradición con la subordinación de las mujeres”. 19

            No obstante, a través de la denuncia y el humor Vásquez creó lo que la académica Lorena Oropeza ha denominado “una pedagogía única de la esperanza”.20 La perspectiva de Vásquez, similar a la de Ramírez, Ruiz de Burton, Martí y Albizu Campos era internacional, relacionando la lucha chicana con los movimientos nacionalistas alrededor del mundo y entre algunos grupos étnicos en EE.UU., particularmente los nativos americanos. Lo anterior está relacionado con su apoyo al mito chicano de la madre tierra Aztlan, que se remonta a los tiempos de los Aztecas. Aztlan, “nos lleva a nuestros orígenes… nos dio un mito… esto nos hizo una tribu,” afirmó Vásquez.21

 

Democracia y voto femenino

La lucha que emprendió Enriqueta Vásquez para alcanzar con las mujeres el lugar que les correspondía en el movimiento mexicano-estadounidense por los derechos civiles no fue única. Si la lucha para cumplir las promesas de democracia y de completa realización de los territorios en estados fue larga y dio lugar a gran parte del pensamiento intelectual de los latinos en los EE.UU., la lucha por los derechos de la mujer no fue menos prolongada ni intensa. No obstante, para la mayoría de población latina, la lucha por el voto de las mujeres y, después de que esta meta se alcanzara, el disfrute de todos los derechos asociados a la ciudadanía se trató como un triunfo subordinado a la lucha política y de derechos civiles en movimientos frecuentemente liderados por hombres. Incluso en el siglo XIX, las mujeres que ayudaron a organizar los movimientos independentistas de Cuba y Puerto Rico, tales como Emilia Casanova de Villaverde (1832–1897) y Lola Rodríguez de Tió (1843–1924), quienes convocaron a diferentes personas al movimiento revolucionario y escribieron para varios periódicos en Nueva York, dedicaron gran parte de sus energías y escritos a impulsar las revoluciones en sus países, usualmente supeditando sus deseos de igualdad de género a las necesidades políticas del movimiento. Incluso Ruiz de Burton usó un pseudónimo y sólo se refirió a los asuntos de género en su correspondencia privada, nunca en público.

            No obstante, también hubo latinas que asumieron roles activistas, intelectuales y creativos en áreas asignadas a las mujeres en publicaciones y luego en sus propios periódicos, revistas y libros. Nunca alcanzaron los mismos números que los hombres, quienes tenían asegurado su espacio en las esferas políticas de debate y discusión. Muchos de los nombres de estas mujeres luchadoras se han perdido para la historia dado que gran parte de su trabajo lo realizaron de manera anónima o con pseudónimo. Sin embargo en los últimos años algunos de sus nombres están siendo rescatados del anonimato, a pesar de haber publicado en las mismas páginas y los mismos periódicos que los hombres.

            En las últimas dos décadas, el extenso trabajo publicado en inglés por María Amparo Ruiz de Burton, Jovita González Cleofas Jaramillo, Adelina “Nina” Otero – Warren, entre otras, demuestra cómo cada una a su manera luchó por la preservación de un pasado ‘español’ en el sureste estadounidense, incluso desafiando la imposición de la cultura anglo y su hegemonía política, si no refutando los mitos estadounidenses de creación nacional, por lo menos sí equiparando, en términos de validez , los mitos prioritariamente latinos y aquellos con una base racial y cultural fundamentalmente europea. En el siglo XX, Jaramillo, González y Otero Warren intentaron rescatar los remanentes de la cultura latina, a la vez que se oponían a la abrumadora migración y dominación angloamericana en el sureste de la nación. A través de su experimentación en géneros narrativos poco convencionales tales como libros de cocina, narrativas personales (diarios, autobiografías, etc.) y la reinvención de narraciones folclóricas, sus trabajos ofrecieron una alternativa, digamos una contra narrativa, al Destino Manifiesto, con la que querían demostrar que ya existía una valiosa y legítima civilización en el sureste antes de la expansión estadounidense.

            Entre las mujeres más militantes que hayan pisado territorio estadounidense destacan las anarcosindicalistas que trabajaron en la consolidación de los fundamentos para la Revolución Mexicana de 1910. Salieron exiliadas de México acompañando a los líderes –varones– de la insurrección, participando en la fundación y promoción del Partido Liberal Mexicano (PLM). De este grupo destacan Andrea y Teresa Villarreal, Sara Estela Ramírez, Blanca de Moncanelo y Leonor Villegas de Magnón, ya que crearon un espacio –al que Emma Peréz ha denominado el feminismo del tercer espacio– para las mujeres en la articulación de la nación que ellas estaban tratando de construir a través de la acción revolucionaria y militar.22 Estas mujeres no iban solamente acompañando en las tiendas de campaña a los hombres revolucionarios que México celebraría como sus padres fundadores, sino que por el contrario ellas también eran pensadoras, redactoras de discursos e incluso combatientes activas en el frente de batalla. Además, cada una de las mujeres mencionadas anteriormente acompañó su activismo con un formidable registro periodístico. En el caso de Villegas de Magnón, ésta detalló varias memorias de las actividades en que se involucraron las mujeres revolucionarias. A pesar de que su primer objetivo era la liberación de México de una dictadura y la creación de una sociedad mexicana más abierta y justa, su liderazgo en tierras estadounidenses influenció a los movimientos de trabajadores existentes y creó un ejemplo, casi un modelo, para el activismo de las mujeres en los EE.UU.

            Las hermanas Andrea (1881–1963) y Teresa Villarreal (1883-?) organizaron protestas en el sureste de los EE.UU. y publicaron periódicos en apoyo a los trabajadores del mundo y por el derrocamiento del régimen de Porfirio Díaz. Escribieron para el principal espacio del Partido Liberal Mexicano, Regeneración, en Los Ángeles, pero además establecieron y manejaron sus propios diarios en San Antonio: Andrea era dueña de La mujer moderna (1909) y Teresa de El obrero, periódicos que constantemente planteaban ideas anarquistas en apoyo de la lucha organizada de los trabajadores. En el ensayo redactado por las hermanas Villareal, “¿Qué hacéis aquí hombres? Volad, volad al campo de batalla”, publicado en Regeneración el 21 de enero de 1911, éstas hicieron una llamada a las armas a los hombres y mujeres de ambos lados de la frontera que no tuvieran miedo de la violencia o la muerte.

            Otra practicante de este feminismo del tercer-espacio fue la colombiana Blanca de Moncaleano (-1929), ferviente anarquista que no se subscribía a proyectos nacionalistas específicos, ni creía en clases sociales o fronteras, aunque acabó uniéndose al PLM. Después de varios años de activismo en Bogotá, Colombia, donde ella y su esposo, el líder anarquista Juan Francisco Moncaleano, dirigieron La Casa del Obrero, se trasladó a México en 1911 a causa de la fuerte persecución política que sufría en su país. Sin embargo, poco después se mudó a Los Ángeles. Para el año 1913, Blanca de Moncaleano y su esposo abrieron la Casa del Obrero Internacional en Los Ángeles, donde ella editaba el diario anarquista para mujeres Puma Roja, famoso por su fuerte y viril estilo de escritura o en sentido figurado por llevar los pantalones.23 Pluma Roja se imprimía en La Casa en la misma imprenta que Regeneración.

            Además de atacar a la sociedad patriarcal, el estado y la Iglesia, Moncaleano fue especialmente crítica con los hombres revolucionarios que no eran conscientes de la manera en que oprimían e incluso esclavizaban a las mujeres. 24 Como era de esperar, Moncaleano buscó acabar con la ideología nacionalista que ligaba a la mujer al hogar, la familia y la procreación de la nación. En la edición del 13 de junio de 1914 de Regeneración escribió, “No olviden que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre. Ella no está en esta tierra solamente para procrear, lavar los platos y la ropa.” 25

            A finales del siglo XIX, Laredo era un cruce de frontera y una terminal ferroviaria para México, habiéndose convertido en un importante centro para los revolucionarios y las organizaciones feministas. Otra miembro del Partido Liberal Mexicano que relacionó los problemas de los trabajadores y los de género en sus discursos y escritos fue Sara Estela Ramírez (1881–1910), quien había emigrado de Laredo a Saltillo en 1898 a la edad de 17 años para ser maestra de escuela. Ramírez se convirtió rápidamente en una líder intelectual en el pueblo fronterizo. Mediante los performances de su poesía y sus emotivos discursos, Ramírez fomentó los sindicatos y abordó problemas políticos en reuniones comunitarias y sindicales. Publicó artículos en La Crónica y El Demócrata Fronterizo y en 1910 comenzó a publicar su propio periódico, La Corregidora, nombrado en honor a la heroína mexicana de la independencia. En 1910, fundó una pequeña revista literaria, Aurora, pero murió ese mismo año, probablemente de tuberculosis.

            Sin embargo, fue otra conspiradora del PLM en Laredo quien se convirtió en la personificación de la escritura y la militancia, la versión femenina de “pluma y espada”: Leonor Villegas de Magnón (1876–1955). Villegas nació en Nuevo Laredo, México, pero desde que tenía cinco años vivió en Laredo, donde su padre administraba su rancho y sus negocios de importación y exportación. Villegas era bilingüe, se graduó de la universidad en Nueva York en 1895 y de allí regresó a Laredo, donde se casó en 1901 con Adolfo Magnón. Vivió nueve complicados años en la Ciudad de México donde conoció a Ricardo Flores Magón y se incorporó a las filas del PLM. Cuando la Revolución estalló en 1910, Villegas estaba de regreso en Laredo, enseñado en las escuelas y organizando grupos revolucionarios, buscando patrocinio y financiación para grupos como Unión, Progreso y Caridad, dando refugio a exiliados políticos y haciendo proselitismo a través de artículos publicados en La Crónica, El Progreso y El Radical. Al término de un par de años comenzó a reclutar a mujeres anglo-texanas y mexicanas para su cuerpo de enfermería, la Cruz Blanca, la cual trabajó en los campos de batalla como parte del ejército constitucionalista de Venustiano Carranza. Al estar casi siempre del lado de Carranza, Villegas era como un coronel para sus enfermeras, al igual que para las espías y ‘soldaderas’ de tal ejército.

            Una vez finalizadas la mayoría de las hostilidades y los hombres comenzaron a dedicarse a la escritura de la historia de la Revolución, Villegas comenzó a recapacitar sobre el hecho de que la importancia de la mujer en todo el conflicto mexicano se olvidaría rápidamente. Por tal razón escribió sus memorias en el libro La rebelde, cuyo principal objetivo era corregir los equívocos y celebrar el liderazgo y la participación femenina en la Revolución. A pesar de todos los contactos en el mundo de la política y los negocios que tanto ella como su familia tenían en México, ninguna casa editorial quiso publicar su libro. Para resolver esta situación decidió reescribir su texto en inglés –no traducirlo–, sin embargo su suerte no cambió y el libro tampoco fue publicado en EE.UU. Hace poco tiempo que se han publicado sus memorias bajo la edición de la académica Clara Lomas, quien ha afirmado que: “Estas narrativas se destacan por ser una de las pocas perspectivas escritas por las mujeres durante los primeros años de la Revolución mexicana en los 1900. Documentan el papel fundamental del activismo en la frontera, el cual borra, de hecho, todo limite geopolítico”26. De manera aún más significativa, estos documentos sirven como un admirable ejemplo de las mujeres que trabajaban desde los intersticios, es decir, desde el tercer espacio asignado a su género, como la enfermería, a partir del cual expandieron su papel a la esfera pública. Aunque sus libros no fueron publicados durante su vida, éstos sirven de ejemplo hoy en día de un feminismo que trasciende fronteras, tanto territoriales como de género.

            Sin lugar a dudas la escritora anarquista más productiva no fue una persona con educación universitaria, ni fue exiliada por razones políticas ni estuvo envuelta en una insurrección armada sino que fue una emigrante que trabajó como organizadora sindical en las islas del Caribe, Tampa y Long Island, la puertorriqueña Luisa Capetillo (1879–1922). De manera contraria a Villegas, Capetillo no tuvo una educación formal y además pertenecía a la clase trabajadora a la que otras mujeres intelectuales deseaban liberar. Quizá esto pueda explicar parcialmente su compromiso más radical con el anarquismo antinacionalista y su lucha por una sociedad sin clases en la que existiera una completa igualdad de género. Nacida en Puerto Rico, autodidacta e hija de una pareja no casada, Capetillo comenzó su formación política desde muy temprano bajo la tutela de su madre, quien participaba en grupos de estudio literarios casi siempre siendo la única mujer que acudía a dichas reuniones.27 Después de que Puerto Rico quedara bajo el dominio de los EE.UU., Capetillo se convirtió en miembro activo en una de las uniones sindicales más grandes de la isla y comenzó a publicar artículos en periódicos como Unión Obrera.28 Capetillo misma llegó a ser una promover la ideología de la clase trabajadora cuando trabajó como lectora en la institución más importante para la auto-educación de los trabajadores. Ser lector era una profesión exclusivamente masculina en las fábricas de tabaco, tanto en la isla como en el continente. El lector pasaba media jornada laboral leyendo periódicos para los trabajadores y la otra mitad leyendo diferentes materiales, incluyendo los textos de Kropotkin y Bakunin, y otros teóricos anarquistas y socialistas.

            Su labor como educadora de los trabajadores tanto en sus derechos como en su participación en la revolución social no se limitaba al trabajo de la lectura en las fábricas sino que eventualmente se extendió a la escritura de artículos en prensa, obras de teatro, libros, entre los que destacan: Ensayos libertarios (1909), La humanidad en el futuro (1910), Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer (1911) e Influencia de las ideas modernas (1916). Además, Capetillo fundó y editó la revista titulada La mujer. En su vida personal al igual que en su escritura, Capetillo fue iconoclasta, rechazó la autoridad de los hombres, la Iglesia y el estado; deconstruyó y criticó el patriotismo, luchó y defendió el sufragio femenino y abogó por el amor libre.

            La escritora puertorriqueña Clotilde Betances de Jaeger (1880–197?) se educó en un ambiente de clase media con los suficientes recursos familiares para poder pagar y estudiar en la Universidad de Cornell, de donde recibió su título en ciencias naturales en 1916 y mucho tiempo después un título de maestría en estudios de la religión del Butler College, en Indianapolis, en 1949. Después de obtener su primer título regresó a Puerto Rico, donde inició su carrera como profesora de colegio y columnista para diarios en San Juan. En 1923 Betances se trasladó a la ciudad de Nueva York, donde continuó con su trabajo en prensa publicando artículos en revistas y periódicos en español. A partir de entonces Betances se radicó en dicha ciudad, enseñando y produciendo un importante cuerpo del pensamiento feminista, al igual que textos de tipo religioso, en una amplia gama de publicaciones no solamente difundidos en EE.UU. sino también en América Latina y España.

            Betances utilizó la moda y la belleza femenina como un punto de apoyo dentro de los medios de comunicación controlados por los hombres, para poder transformarlo en un espacio de exploración de problemáticas feministas. En Gráfico, que era su espacio predilecto de expresión, donde publicó más de 50 columnas entre 1929 y 1930, Betances abordó temas tales como el nuevo rol de la mujer, particularmente explorando las implicaciones de haber ganado el derecho al voto femenino en los EE.UU.; el aumento e importancia de las mujeres en los centros de trabajo; la importancia de su entrenamiento profesional; la necesidad de liberar a la mujer de las ataduras del matrimonio, al igual que de su independencia económica, también la importancia del amor libre; el control de las mujeres sobre su propio cuerpo, inclusive en lo que refiere a la procreación y los métodos de anticoncepción y aborto. De igual manera, Betances criticó la poca calidad de la educación pública, el racismo en EE.UU. y Puerto Rico, la Iglesia, el imperialismo estadounidense y la situación colonial de Puerto Rico y de otros países en América Latina. 29

            En su construcción de la “mujer nueva”, Betances alentó a la mujer a participar en la economía y la política tanto a nivel nacional como internacional. En sus columnas, hizo comentarios sobre la política de la ciudad y del país, campañas presidenciales, relaciones internacionales y la guerra, la cual denunció en repetidas ocasiones. En su columna del 15 de junio de 1929, analizó la manera en que la liberación de la mujer estaba intrínsecamente ligada a la economía y que en tiempos de crisis, como la depresión que en ese entonces acaecía, era la labor de las mujeres educarse e involucrarse conscientemente en la economía: “Mujer de corazón, mujer de mentalidad, mujer nueva, la economía es tu problema inminente y tienes que resolverlo. La economía del hogar entra en tu jurisdicción, la economía del mundo es tu herencia”.

            En lugar de buscar referentes en el pasado, como hicieron otras feministas latinas con la poeta y erudita mexicana del siglo XVII Sor Juana Inés de la Cruz, Betances buscó modelos contemporáneas, mujeres que estuvieran tratando de liberar a otras mujeres, a sus hermanas, del sometimiento económico y la mentira de la nación, que escribieran sobre autoras españolas, cubanas, puertorriqueñas, entre otras, que leyeran y analizaran textos como puntos de partida para sus propias ideas y ensayos. Mientras que abogaba por la independencia de Puerto Rico de los EE.UU., consideraba el tema de la mujer como el eje principal de su trabajo, más allá de las ataduras de cualquier proyecto nacional y en consecuencia los ejemplos que utilizaba y de los cuales se alimentaba provenían de diversos lugares de Hispanoamérica.

            Desde 1970, cuando se aceptó a un gran número de latinos en las universidades hasta la actualidad, varios investigadores han resucitado y estudiado las diversas ideas de éstos y otros intelectuales y pensadores latinos, quienes exploraron las dimensiones de la nacionalidad, ahondaron en el entendimiento de la particular identidad latina y su relación con la comunidad imaginada que las instituciones, los medios de comunicación y la cultura popular han canonizado. Académicos como Rodolfo Acuña (chicano), Frank Bonilla (puertorriqueño), Américo Paredes (chicano), Lisandro Pérez (cubano-estadounidense), Silvio Torres –Sayllant (dominicano-estadounidense) y Virginia Sánchez Korrol (puertorriqueña), fueron pioneros en instituir los estudios étnicos y programas de educación bilingües, produciendo generaciones enteras de historiadores, abogados, politólogos, sociólogos, teóricos y críticos culturales quienes han podido democratizar con éxito el currículo y avanzar en la exploración del pensamiento latino. Es importante resaltar que tanto estas personas como sus estudiantes han logrado traspasar su conocimiento a las comunidades, a la vez que han abierto las puertas de la academia de tal manera que los latinos de bajos recursos económicos puedan acceder a la educación universitaria. Trabajando de la mano con organizaciones como la Asociación Aspira, el Consejo Nacional de La Raza y el centro Tomás Rivera, solo por nombrar algunas, estos académicos han continuado la traducción de sus investigaciones y enseñanza en cambios sociales que apunten al mejoramiento de las condiciones de los latinos y de la nación en general. Además, teóricos de la liberación latina y el feminismo como Gloria Anzaldúa, Aurora Levins Morales, Emma Pérez y muchas otras, han contribuido al camino de la igualdad de género que la cultura latina y las sociedades democráticas deberían hacer realidad. Las latinas han estado a la vanguardia en el momento de definir y adelantar los estudios subalternos y queer, campos que abrirán los espacios de lucha democrática en la academia del siglo XXI. Los latinos y otros grupos minoritarios han expandido el canon estadounidense, desde la universidad hasta la esfera social, cultural y política. No solamente al revisar la historia de los EE.UU., sino además en el desarrollo de marcos conceptuales y teóricos asociados a los problemas de raza y género, han revolucionado lo que conocemos como “estudios estadounidenses”, crítica que a la postre ha sido la base de los estudios culturales y que han cambiado irrevocablemente el paisaje intelectual en los EE.UU.

            Hoy en día, después de tres décadas de aumentos en la inmigración, no sólo desde México y el Caribe, sino también desde Centro y Suramérica, la comunidad latina es mucho más amplia y diversa. Sinceramente, el pensamiento intelectual y textual llevado a cabo por los latinos en los EE.UU. ha sido mucho más diverso de lo que ha podido ser recogido en este ensayo. No todos los intelectuales han cuestionado o cuestionan el nacionalismo, el género, la raza, los derechos civiles, etc. A finales del siglo XX y comienzos del XXI también se ha observado, por ejemplo, el incremento de científicos, ingenieros, economistas y otros que han dejado su huella en diferentes campos como la exploración espacial, medicina, física, ciencias ambientales y biología, campos en los que latinos han ganado varios premios Nobel. Se espera que para mediados del siglo XXI los latinos sean un tercio de la población de los EE.UU. Los intelectuales latinos continuarán imaginando y re-visando la nación dentro de su contexto demográfico y su realidad cultural; continuarán contribuyendo al conocimiento en todas las áreas de emprendimiento, sobre todo porque facilita el acceso a la educación y ofrece más oportunidades para desarrollar actividades intelectuales.

           

Notas

  1. Diez y seis millones de habitantes que ocupan este delicioso Continente, no se representan jamás a los ojos del Gobierno y Mandatarios de Europa, sino como una horda de esclavos miserables que deben obedecer ciegamente a todo lo que se les mande, y besar en profundo silencio las duras cadenas que arrastran desde los tiempos de Cortés y Pizarro.
  2. “Mexicanos: llegado es el tiempo señalado por la Providencia para que sacudáis el yugo bárbaro, y afrentoso, con que por el espacio de casi 300 años os oprimió ignominiosamente el despotismo insolente. Ahora quiere el Gobierno de Cádiz obligaros a que continuéis arrastrando las mismas cadenas, con que is aprisionaron los Reyes de España, los cuales no tenían sobre vosotros más autoridad, que la que vosotros mismos les prestasteis para ser por ella gobernados [...] Yo os consejo, ilustres hijos de Moctesuma, que no envainéis vuestras espadas hasta no haber reestablecido el orden, y dado entera libertad a vuestro país.”
  3. W. S. Cleaves, "Vida política de Lorenzo de Zavala "(Tesis de la Universidad de Texas, 1931), 32-69.
  4. John Michael Rivera, "Introducción", en Viaje a los Estados Unidos de Norteamérica, por Lorenzo de Zavala (Houston: Arte Público Press, 2005), xxvii.
  5. Ver Donald E. Chipman, Spanish Texas, 1519-1821 (Austin: University of Texas Press, 1992), 253, y José McKnight, The Spanish Elements in Modern Texas Law (Dallas: J. W. McKnight, 1979).
  6. Ambrosio Fornet, El Libro en Cuba (Habana: Editorial Letras Cubanas, 1994), 73-4.
  7. “… en la tierra de Washington y Franklin, donde se ven a cada instante violados los derechos de la humanidad, la forma natural y viviente de cada pueblo, o invadida la soberanía de las naciones. Las conquistas efectuadas recientemente en México, desmembrando la mitad del territorio nacional, los escandalosos sucesos de la América Central, las pretensiones injustas sobre los naturales de Panamá en Nueva Granada, las reclamaciones de la Isla de las Aves en Venezuela, Galápagos en el Ecuador y Lobris en el Perú, las pretensiones sobre las Antillas, sea por la fuerza de las armas o por razón de la enajenación, que en el lenguaje de la moral de las naciones es la última expresión de la ignominia, etc. etc. … aquí en compendio el mapa delineado en la imaginación desmesurada de la gran República Federal, que se extenderá hasta Buenos Aires si no se la detiene en la carrera de las conquistas. ¿Será factible esa fusión de razas y de lenguas, de costumbres y religiones, para fundar un pueblo único de cien naciones diferentes absorbiendo los estados latinos y ensanchando la democracia continental

con detrimento de los intereses vecinos? No, mil veces, no, es el grito de la opinión popular y no, mil veces, no es el eco que repiten todos los miembros descendientes de la raza de Gonzalo de Córdoba y del Cid contra esta tendencia perniciosa que protegen sus leyes y principios: cada hispano‐americano cual otro Aníbal en todas partes enemigos sempiternos que

venguen las rapiñas y usurpaciones de su patria…”

  1. Rosaura Sánchez, “Desarticulando el Coloso: Martí y Ruiz de Burton en la formulación de Norteamérica” en José Martí “Nuestra América: Estudios culturales nacionales y del hemisferio” eds. Jeffrey Belnap y Raúl Fernández (Durham: Duke University Press, 1998), 117.
  2. Ibid, 123.
  3. Ibid, 116.
  4. Ibid, 118.
  5. José Martí, Obras completas, (Havana: s.d., 1975), II: 298. 
  6. Extractos de su discurso están disponibles online en: http://saudadebrothers.com/2011/06/30/free‐pedro‐albizu‐campos/, consultado el 12 de junio de 2012.
  7. Pedro Albizu Campos, "Observations on the Brookings Institute Report" en “The Intellectual Roots of Independence: An Anthology of Puerto Rican Political Essays”, eds. Iris M. Zavala y Rafael Rodríguez (Nueva York: Monthly Review Press, 1980), 173-180.
  8. “Discurso de Pedro Albizu Campos en Lares” (23 de septiembre de 1950). Disponible online en http://writetofight.files.wordpress.com/2 011/09/pedro‐albizu‐campos‐september‐ 23‐1950‐lares‐puerto‐rico.pdf, consultado el 12 de junio de 2012.
  9.  Pedro Albizu Campos, “Concepto de raza” en Zavala, 181-182.
  10. F. Arturo Rosales, Dictionary of Latino Civil Rights History (Houston: Arte Público Press, 2006), 347.
  11. Alonso S. Perales, “Alonso S. Perales on the Ideals of Mexican Americans,” en Testimonio: A Documentary History of the Mexican American Civil Rights Struggle, ed. F. Arturo Rosales (Houston: Arte Público Press, 2000), 167. 
  12. Dionne Espinoza, “Re-thinking Cultural Nationalism and La Familia through Women’s Communities: Enriqueta Vásquez and Chicana Feminist Thought,” en Enriqueta Vásquez and the Chicano Movement: Writings from El Grito del Norte, eds. Lorena Oropeza y Dionne Espinoza (Houston: Arte Público Press, 2006), 208.
  13. Lorena Oropeza, “Viviendo y luchando: The Life and Times of Enriqueta Vásquez” en Enriqueta Vásquez and the Chicano Movement: Writings from El Grito del Norte, eds. Lorena Oropeza y Dionne Espinoza (Houston: Arte Público Press, 2006), xxi.
  14. Ibid, xxxviii
  15. Emma Pérez, The Decolonial Imaginary: Writing Chicanas into History. (Bloomington: Indiana University Press, 1999), 33.
  16. Ibid, 33.
  17. Lomas “Articulation”, 306.
  18. Citado en Pérez, 69.
  19. Clara Lomas, “Villegas de Magnón, Leonor,” in Greenwood Encyclopedia of Latino Literature, ed. Nicolás Kanellos. Westport, CT: Greenwood Press, 2008), III: 1235-36.
  20.  Norma Valle‐Ferrer, Luisa Capetillo. Pioneer Puerto Rican Feminist (Nuestra Voz) (New York: Peter Lang Publishing, 2006), 44‐45. 
  21. Félix V. Matos, “Introduction,” A Nation of Women: An Early Feminist Speaks Out/Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, por Luisa Capetillo (Houston: Arte Público Press, 2004), xv. 
  22. María Teresa Vera‐Rojas, “Betances Jaeger, Clotilde.” En Kanellos, Greenwood Encyclopedia of Latino Literature, I: 48.

 

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