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Análisis de los hechos

Lectura 4: El descubrimiento de las flotas hundidas de 1715 y 1733

La Urca de Lima

La Urca de Lima fue la primera embarcación de la flota de 1715 en ser descubierta en tiempos modernos, cuando, en 1928, el aventurero William Beach localizó el naufragio en las afueras de Fort Pierce, Florida. Del naufragio, se recuperaron más de una docena de cañones y cuatro anclas. En 1932, el Estado de Florida expidió el primer permiso de rescate que autorizaba la búsqueda y recuperación de los pecios españoles.

A finales de 1940, un contratista llamado Kip Wagner empezó a encontrar monedas españolas a lo largo de la playa cerca de Fort Piece. Al observar que ninguna de las monedas había sido acuñada después de 1715, escribió al director del Archivo General de Indias en España y se enteró de que las monedas debían ser del desastre de 1715, una de las mayores pérdidas en la historia marítima del imperio español.

A Kip Wagner se le otorgó un permiso de búsqueda y rescate en 1959. La política normal de aquel entonces era que el gobernador de Florida podía otorgar permisos de búsqueda u operaciones de rescate (recuperación de objetos). El costo para el permiso anual era de $100. El acuerdo requería informes trimestrales describiendo las operaciones y enumerando todos los hallazgos. En contraprestación, el estado recibiría el 25 % de lo que fuera recuperado. Wagner reunió un equipo y empezó a investigar el lugar identificado del naufragio en las afueras de Fort Pierce. Las piezas  más abundantes del naufragio eran unas piedras esparcidas llamadas lastres. Los lastres, normalmente tomadas del lecho de los ríos europeos, eran cuidadosamente apilados por debajo de la bodega de carga para estabilizar los galeones. Las piedras del lastre de la Urca de Lima  variaban en tamaño desde menos de una libra hasta 50 libras. Para poder descubrir cualquier posible tesoro, el grupo decidió que tendría que moverlo.

Mientras movían una por una las piedras del lastre y retiraban la arena con maquinaria improvisada, los buzos descubrieron cientos de piezas de cerámica mexicana y china, municiones de cañones y otros objetos. También descubrieron varias barras de plata en forma de cuña que encajaban unas con otras hasta darle forma de pirámide. Esto probablemente constituía el tesoro de contrabando en el fondo de los barriles para evitar pagar impuestos. De acuerdo a sus hallazgos, el grupo llamó al lugar Naufragio de la Cuña [Wedge Wreck], sin saber entonces que era el pecio de la Urca de Lima. Al final de cada sesión de buceo, el grupo se reunía con arqueólogos del estado que seleccionaban el 25% de lo hallado para la colección de Florida. El estado tomó en primera instancia objetos mientras que el equipo de rescate se quedaba con la mayoría de las monedas. Para finales  de 1960, el grupo había excavado el Naufragio de la Cuña [Wedge Wreck] y prosiguió con el descubrimiento y rescate de otros pecios.

El San Pedro

Los emplazamientos de los naufragios de 1733 también permanecieron olvidados hasta el siglo XX. En los años 1930, el buzo profesional, Art McKee, empezó a bucear en los cayos de Florida utilizando un gran casco de metal, traje de buzo y una manguera que lo conectaba a una fuente de aire en la superficie. En 1937, un pescador de la zona mostró a McKee el lastre que resultó ser el del navío Capitana, de la flota de 1733. Empezó a investigar el lugar y adquirió de los archivos españoles una copia del mapa que mostraba la ubicación de la flota de 1733. McKee estuvo recuperando restos del naufragio durante años, entre los que se encontraban varios cañones, más de 1.000 monedas de plata, estatuas, medallas religiosas, joyas y otros objetos. En 1949, McKee decidió construir un museo sobre el naufragio para mostrar aquellos objetos. Las actividades de McKee llevaron al descubrimiento de otros pecios del naufragio de 1733.

El San Pedro permaneció oculto hasta 1960, cuando varios cazatesoros descubrieron el lastre y algunos cañones a 5 metros bajo el agua en Hawk Channel fuera del Indian Key. Parte de las jarcias y piezas de porcelanas fueron hallados junto con monedas de plata. Se separó el lastre y los cañones y anclas se recogieron. En comparación con la flota española de 1715, se recuperaron pocas piezas del tesoro de los naufragios de 1733, lo que no es de extrañar ya que las operaciones españolas de rescate dos siglos atrás fueron exitosas. Sin embargo, los cazatesoros realizaron una búsqueda exhaustiva de los pecios sin considerar los datos históricos que proporcionan descubrimientos como éstos ni su conservación.

Mientras las excavaciones de rescate particulares continuaron en las zonas de los naufragios durante la década de 1960, el Estado de Florida decidió enviar arqueólogos marinos para registrar y documentar de manera oficial los naufragios. Los arqueólogos marinos se toparon con que, como los cazatesoros no usaron técnicas arqueológicas adecuadas, una gran cantidad de pruebas que podrían haber aportado valiosa información sobre las flotas se perdió. Recientemente, el Estado ha llegado al convencimiento de que los cazatesoros y la arqueología subacuática no son compatibles y que una importante e irreemplazable parte de la historia de Florida se estaba dañando o destruyendo. Después de 1984, el Estado dejó de expedir permisos de rescate y empezó a aprobar leyes que prohíben actividades no autorizadas, excavaciones o extracciones de los objetos de los naufragios.

Sin la intervención de los cazatesoros, los restos de la estructura del casco de la Urca de Lima y el lastre se estudiaron cuidadosamente y se registraron. El interés de los buceadores en el lugar condujo a que fuera la primera Reserva Arqueológica Subacuática (Underwater Archaeological Preserve) designada. De manera similar, el pecio del San Pedro fue ubicado en el mapa y registrado para crear un mapa de la zona. En 1988, el San Pedro fue elegido mejor candidato para convertirse en una segunda reserva Estatal ,conforme a los criterios de una ubicación pintoresca, abundante vida marina y la condición del lugar relativa a las otras ubicaciones de los naufragios de 1733. El San Pedro se convirtió en la segunda Reserva Arqueológica Subacuática (Underwater Archaeological Preserve) y se inauguró oficialmente el 1 de abril de 1989. Hoy es un lugar  de buceo popular para los turistas y gente de la vecindad.

Preguntas para la Lectura 4

1. ¿Qué papel desempeñó Kip Wagner en el rescate de la Urca de Lima y otros naufragios de 1715? ¿Qué técnicas utilizaron él y su equipo?

2. ¿Por qué se recuperó tan poco tesoro en las operaciones de rescate contemporáneas de los naufragios de 1733? ¿Cuáles fueron algunos de los objetos encontrados en el lugar del naufragio?

3. ¿Por qué el Estado de Florida dejó de expedir permisos de rescate? En relación a lo que ha aprendido, ¿cuál es la diferencia entre los cazatesoros y la arqueología subacuática? ¿Está de acuerdo con que son incompatibles? Razone su respuesta.

La lectura 4 fue compilada de Robert F. Burgess y Carl J. Clausen, Florida’s Golden Galleons: The Search for the 1715 Spanish Treasure Fleet (Port Salerno, Florida: Florida Classics Library, 1982); Robert F. Marx, The Search for Sunken Treasure: Exploring the World’s Great Shipwrecks (Toronto: Key Porter Books, 1993); Robert F. Marx, Shipwrecks in the Americas (New York: Dover Publications, Inc., 1987); Della Scott-Ireton y Barbara Mattick, “San Pedro” (Monroe County, Florida) National Register of Historic Places Registration Form, (Washington, D.C.: U.S. Department of the Interior, Programa del National Park Service, 2001); Della Scott-Ireton y Barbara Mattick, “Urca de Lima” (St. Lucie County, Florida) National Register of Historic Places Registration Form, (Washington, D.C.: U.S. Department of the Interior, Programa del National Park Service, 2001); Timothy R. Walton, The Spanish Treasure Fleets (Sarasota, Florida: Pineapple Press, Inc., 1994); y Robert M. Weller, Galleon Alley: The 1733 Spanish Treasure Fleet (Lake Worth, Florida: Crossed Anchors Salvage, 2001).

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