Los rastros de granjeros/campesinosLos investigadores han especulado que los restos encontrados pudieron ser dejados por habitantes o campesinos que trabajaban las tierras del municipio de Matamoros. El adobe o ladrillos de barro suave, hechos a mano, así como recubrimiento del mismo material, y pequeños clavos, sugerían que estas personas vivían en casas con paredes de barro y estructura de madera, quizá una pequeña choza con techo de paja, mejor conocidas como jacales. Esta vivienda se había ubicado a unos treinta metros de la excavación. En 1991 otros investigadores que trabajaban en un área cercana descubrieron evidencia adicional de un asentamiento previo. El equipo de arqueólogos, encabezado por Douglas Potter, encontró piezas de alfarería de cerámica hechas entre 1820 y 1850. Aaron Mahr, historiador del Servicio de Parques Nacionales, ha propocionado más evidencia posterior de este asentamiento previo, al encontrar mapas y otros documentos históricos que muestran un cultivo de la tierra extenso, así como estructuras paradas, quizá casas, cerca del río que existián, mucho antes de la llegada de las tropas norteamericanas. Los arqueólogos también encontraron objetos enterrados a menos de medio metro del bombardeo y sitio del fuerte original en 1846. Se descubrieron esquirlas, casquillos, piezas de cañón y otros objetos de uso militar, originando la especulación de que en una pequeña cordillera cerca del Puente Internacional se había librado un intenso tiroteo. Según la teoría, los ejércitos mexicanos y norteamericanos habían peleado por las fortificaciones cerca de la barranca, aunque no se sabía qué había provocado tal lucha.
Las condiciones antihigiénicas cobran su precioDespués de la Guerra entre México y Estados Unidos, si bien la vida en el nuevo Fuerte Brown presentó escasa actividad, no estaba exenta de peligro. A finales de la década de 1840 y durante la siguiente, los soldados en ocasiones patrullaban para perseguir ladrones de ganado y bandidos, pero en realidad la mayor parte de su vida transcurría en la monotonía. Esta base fronteriza, construida principalmente con madera traída de Puerto Isabel, era en definitiva rústica. A pesar de todo, tenía ciertos acabados; las enredaderas en los portales del cuartel de oficiales ofrecían sombra y refugio del calcinante sol, y también podían verse cercas adornadas con las flores plantadas al lado. La construcción de madera recibió en 1854 fuerte desaprobación por parte del inspector general del ejército, e hizo énfasis en lo barato del precio del ladrillo (2 dólares el millar) en el recién establecido Brownsville, cuyo nombre honraba al fallecido mayor Jacob Brown. El pueblo había comenzado a tomar forma en 1848, al finalizar la guerra. Charles Stillman, un exitoso comerciante norteamericano que había hecho su riqueza en Matamoros, compró tierra al otro lado del río, al poco tiempo de concluido el conflicto, y fundó una compañía para la urbanización del pueblo. Su casa, construida en 1850, es ahora el Museo Casa Stillman. Durante la década de 1850, las enfermedades fueron una constante amenaza en el fuerte; de hecho, casi todos los oficiales fallecieron a consecuencia de enfermedades en 1853. La mala calidad del agua para beber, proveniente del río, era la causa principal, pues era una fuente de contaminación gracias a los desechos de animales y humanos río arriba. Por otra parte, la comida tampoco era tan saludable. Bruce Aiken, director ejecutivo del Museo Histórico de Brownsville, destaca que los soldados a veces comían tocino echado a perder y harina infestada de bichos. Además, los soldados dedicaban su tiempo libre a beber, lo cual conducía al alcoholismo y los padecimientos que éste ocasionaba. La embriaguez no era exclusiva de la soldadesca, ya que en 1857 el comandante del fuerte, Giles Porter, fue sometido a una corte marcial por abusar del alcohol y en consecuencia destituido de su puesto por un jurado de jueces militares. Entre éstos se encontraban dos amigos de Virginia, Robert E. Lee y George Thomas, que después lucharon en bandos opuestos durante la Guerra Civil. Los arquéologos han podido aprender más de la vida en el fuerte durante esta época. El equipo del Servicio Nacional de Parques, al mando de William Hunt, ha localizado más artefactos que al parecer pertenecen a este periodo. Al excavar en el antiguo sitio del Centro Cívico de Brownsville, descubrieron muchos fragmentos de pipas para fumar tabaco. Conocidas como pipas de bola de barro, y de colores claros, éstas fueron muy populares en la época de los 1850, si bien al final de la Guerra Civil, los fumadores ya preferían fumar pipas de terracota, las cuales eran producidas a máquina. También descubrieron múltiples fragmentos de cerámica de ese mismo periodo. Algunas partes provenían del mismo plato azul claro con dibujo de flores y una figura humana al frente de una cerca. Al parecer, esta era una copia de un diseño creado por la compañía Enoch Wood e Hijos, que cerró en 1846. Entre otros descubrimientos se incluían dos cápsulas usadas para disparar pistolas del ejército, vestigios del tipo de armamento encontrado en el Fuerte Brown. Asimismo, había evidencia de que los soldados fabricaban sus propias balas y en ocasiones usaban sus propias armas. Los científicos encontraron salpicaduras de plomo, un derivado en la manufactura de balas, así como una estrella de cobre para decoración de armas, que en este caso no eran las de uso reglamentario en el ejército, señal de que quizá los soldados utilizaban sus propias armas cuando patrullaban la zona. Una lanza grande, con seguridad proveniente del casco de un buque a vapor, refleja la importancia del río como medio de transporte en las primeras épocas del fuerte, antes de que el ferrocarril llegara a Brownsville. Los buques a vapor viajaban desde la costa, para hacer llegar los abastecimientos al Fuerte Brown. Los científicos descubrieron piezas de vidrio que probablemente se usaron en la construcción del fuerte a finales de 1840 y durante los 1850; lo sorprendente era que el vidrio había sido fabricado mucho antes de esta época, quizá en 1830. Hunt piensa que pudo ser parte de las viviendas de los primeros mexicanos en el periodo previo a la llegada de las tropas. Su teoría establece que quizá el ejército almacenó este vidrio antes de encontrarle uso en la construcción del fuerte en 1848, o bien que lo compró en México. El Fuerte Brown en los años de 1850 se construyó con una pequeña explanada para desfilar y en el centro un mástil para ondear la bandera. A corta distancia se encontraba un cementerio para los soldados norteamericanos caídos en la guerra mexicoamericana, y entre las tumbas se encontraba la del comandante Jacobo Brown. En la parte este de la explanada se encontraba el cuartel de los oficiales; las demás barracas se extendían hasta el sur, y justo detrás de ellas se encontraba la cocina, los lavaderos y el establo, según el mapa del fuerte que data de 1854. A principios de 1990, el arqueólogo Douglas Potter descubrió un fragmento de cuchillo de hueso cincelado, numerosos fragmentos de alfarería, huesos de animales, incluso de ganado, cortados aparentemente con cuchilllo; esto, sin duda alguna, provenía de la cocina, y así parece confirmar la exactitud del mapa.
Héroe o bandidoEl ejército norteamericano abandonó el fuerte a finales de la década de 1850, y al quedar sin protección militar Brownsville se vio a merced del aguerrido Juan Nepomuceno Cortina, nacido en el seno de una familia con grandes extensiones de tierra. Cortina formó parte de la caballería mexicana e incluso peleó en Palo Alto y Resaca de la Palma en la disputa por el Fuerte Brown. Después de la guerra mexicoamericana, se estableció en un rancho cerca de Brownsville, donde aún le consumía el enojo por el inmenso territorio que Estados Unidos le había arrebatado a México. También se sentía irritado por los abogados y jueces radicados en Brownsville, pues pensaba que le estaban robando la tierra a la gente que no hablaba inglés y que no estaba familiarizada con las leyes norteamericanas. Los propios roces de Cortina con la ley siguieron en aumento. En dos ocasiones, el gran jurado le acusó de robo de ganado, pero no fue arrestado, quizá debido a la gran popularidad que gozaba entre la gente de descendencia mexicana. Pero en julio de 1859, Cortina balaceó a un mariscal de Brownsville, que había arrestado y golpeado a uno de sus antiguos empleados. Tanto Cortina como el hombre golpeado se dieron a la fuga. En septiembre, volvió a Brownsville con un grupo de 40 a 80 hombres armados, que aterrorizaron a la gente del pueblo con sus disparos y gritos de "¡Viva México!" y "¡Que mueran los americanos!". Después de matar a cinco hombres -incluso un guardia de la cárcel, donde habían liberado a los prisioneros- asumieron el control del pueblo. Algunos de los habitantes a quienes Cortina tenía intención de matar, lograron escapar. Los ciudadanos más prominentes de Brownsville, al no tener el respaldo de las tropas estadounidenses, se vieron en la necesidad de pedirle ayuda a funcionarios mexicanos en Matamoros. José María Carbajal, matamorense de gran influencia, aceptó negociar con Cortina, quien de mala gana abandonó Brownsville para irse a su rancho a menos de diez kilómetros río arriba. Aun así, su fama entre los mexicanos más pobres se vio en aumento, al igual que la de su ejército. Su notoriedad en el valle trascendió de tal manera, al punto de que cualquier acto bandolero le era achacado, se viera involucrado o no, situación que parecía disfrutar, según el historiador Bruce Aiken. La lucha creció entre Cortina y aquellos que lo querían detener. Una banda de Brownsville se unió al ejército de Matamoros para atacar las fuerzas de Cortina en su propio rancho, pero fueron repelidos y perdieron dos cañones en la apresurada retirada. Poco después, Tomás Cabrera, uno de los hombres de Cortina, fue capturado en Brownsville, provocando la amenaza de Cortina de volver a atacar el pueblo e incendiarlo hasta sus cimientos, si no liberaban a Cabrera. Pero antes de que cumpliera con su amenaza, ya habían llegado los rangers texanos, al mando del capitán William Tobin, y habían colgado al prisionero. Fueron en pos de Cortina, pero las fuerzas de éste los repelieron. Durante estas peleas, Cortina decretó dos proclamas haciendo valer los derechos de los mexicanos en Texas. También apeló directamente al gobernador Sam Houston para que defendiera estos derechos, pero su serie de triunfos pronto llegaría a su fin. A petición de los ciudadanos de Brownsville, el ejército envió de nuevo sus tropas a Fuerte Brown. El comandante del fuerte, el mayor Samuel P. Heintzelman, emprendió el ataque en contra de Cortina, quien sufrió una lastimera derrota. El ejército de Cortina, integrado por cerca de 400 hombres, había sufrido 60 bajas y había sido obligado a huir a México. Un ataque en el río a un buque a vapor, también fracasó cuando los rangers al mando de John "Rip" Ford, cruzaron la frontera para impedir sus maniobras y de nuevo los mexicanos tuvieron que echar marcha atrás. El coronel Robert E. Lee asumió el mando del Fuerte Brown y el distrito militar circunvecino. Amenazó con invadir México si las hostilidades de Cortina no cesaban. Al mismo tiempo, Lee comenzó calladas negociaciones con las autoridades mexicanas, ganando así su cooperación y respeto. Un oficial se expresó de él como "un hombre de honor". Cortina y su apaleado ejército desaparecieron entre las montañas de Burgos y ahí permanecieron cerca de un año, sin causar problemas. Volvió al valle poco después, durante la Guerra Civil, para combatir a las fuerzas confederadas que en ese entonces controlaban Texas, pero sufrió otra gran derrota y se retiró de nuevo. En los años siguientes, participó activamente en la contienda política de México y dos veces fue nombrado por si mismo gobernador del estado de Tamaulipas. Al final, gracias a las presiones diplomáticas de Estados Unidos, en 1875 Cortina fue arrestado y trasladado a la cárcel en la Ciudad de México. La guerra civil llega a TexasTan pronto como en 1861 Texas se separó de la Unión para unirse a los nuevos Estados Confederados de América, los funcionarios estatales exigieron que las tropas federales abandonaran el Fuerte Brown, dejando el abastecimiento a los confederados. El capitán B. B. Hill cumplió con la orden, no sin antes de destruir una gran cantidad de abastecimiento. Por un tiempo, el fuerte estuvo bajo el control de los confederados; los conflictos militares que parecían desgarrar el sureste, provocando la muerte de miles, se encontraban muy lejos del sur de Texas. Sin embargo, gradualmente la marina norteamericana reforzó el bloqueo de los puertos sureños, haciendo muy difícil para los confederados exportar a Europa su cultivo principal, el algodón, así como recibir valiosas importaciones para mantener sus ejércitos y la población civil. Para contrarrestar, los confederados hicieron uso de rompedores de bloqueo que camuflaban barcos rápidos a lo largo de las márgenes del río o en riberas desiertas antes de hacerse a la vela y tratar de evadir la congestionada red de barcos con la bandera de la Unión. Con el refuerzo del bloqueo, Brownsville se convirtió en una importante vía de intercambio comercial.
De todas partes de Texas y los estados sureños vecinos, los granjeros demasiado viejos, jóvenes o enfermos para pelear, junto con esclavos, transportaban carretas cargadas con algodón con rumbo al Río Bravo. Cruzaban la frontera de México, y llevaban su carga en carretas tiradas por bueyes hacia la costa y hasta la desembocadura del río. Allí en el pueblecito de Bagdad, docenas de grandes barcos anclados, esperaban a cargar o descargar su valioso cargamento. Bagdad pasó de ser un poblado pesquero a una bulliciosa ciudad de 15,000 habitantes, una políglotia de diversas nacionalidades, atraída por la posibilidad de ganar oro en este comercio. Bagdad y Brownsville prosperaron debido a que la marina norteamericana se había convertido en un gigante incapaz que observaba este creciente intercambio comercial, sin poder intervenir a causa de previos acuerdos diplomáticos. El algodón de los estados del sur, ya cruzada la frontera, se convertía en producto mexicano, y el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, una vez concluida la Guerra entre México y Estados Unidos, estipulaba que Estados Unidos respetaría el derecho de México al comercio internacional en el Río Bravo. Los frustados estrategas de la Unión se habían decidido a actuar, pero sin violar dicho acuerdo. En noviembre de 1863, el general Nathaniel P. Banks emprendió la invasión a Brownsville desde la isla Brazos de Santiago en la costa. Al enterarse, el general confederado H. P. Bee ordenó la evacuación del Fuerte Brown; los soldados le prendieron fuego al fuerte e incendiaron docenas de pacas de algodón y tiraron otras al río, que esperaban a ser transportadas por esa vía. El incendio se extendió al centro de Brownsville, yendo de un edificio a otro, llenando de humo y de pánico a la población. La ley y el orden se fueron con el ejército, comenzando así el pillaje. Al temer el avance de las tropas unionistas, muchos ciudadanos cruzaron la frontera, buscando protección en México. Para acecentar el pánico, se dejó sentir un tremendo estallido provocado por el depósito de armas del Fuerte Brown. Estallaron más de 3,500 kilos de explosivos, con un impacto tan enorme que las enormes vigas de madera salieron disparadas a través del río, provocando que una de ellas fuera a dar de lleno a una aduana en Matamoros. Pronto, las tropas de la Unión ocuparon lo poco que quedaba del Fuerte Brown. Durmieron en carpas de campaña y comenzaron a reconstruirlo, usando ladrillos apilados durante la construcción de la Iglesia Católica de la Inmaculada Concepción, la pintoresca catedral que todavía existe en Brownsville. El Fuerte Brown se convirtió en el cuartel general para las fuerzas de la Unión, durante sus redadas para incautar el algodón enviado a México. En cuanto las patrullas se volvieron más alertas, las carretas cambiaron su ruta, cruzando la frontera más al norte y oeste, río arriba y lejos del fuerte. Una vez atravesada la frontera, los soldados mexicanos, al mando del general Santo Benavides, escoltaban las carretas hasta Bagdad, protegiéndolas así de los ladrones. Las tropas de la Unión, obligadas a alejarse más y más del fuerte a fin de impedir el transporte del algodón, se vieron vulnerables al ataque de los confederados al mando de John "Rip" Ford. El militar, un doctor, había ganado este apodo durante la Guerra entre México y Estados Unidos, ya que se tomaba el tiempo para escribir en inglés "Rest in peace" (del latín Requiescat in Pace o "descanse en paz") en los certificados de defunción de los soldados. Pero dado las tremendas bajas, se vio obligado a simplemente escribir RIP. Durante la guerra civil, Ford y sus tropas se sintieron bastante confiados por el éxito que tenían al combatir a los soldados unionistas, quienes al temer un ataque abrumador decidieron abandonar el fuerte y replegarse a la costa. Según el diario de un soldado, antes de irse regresaron varios miles de ladrillos a la Iglesia de la Inmaculada Concepción. En julio de 1864, los confederados volvieron a tomar posesión del fuerte y permanecieron ahí hasta el final de la guerra. De hecho, las tropas pelearon en una de las últimas luchas por la tierra en la loma de Palmito, a unos 24 kilómetros, después de que la guerra oficialmente había concluido. Cinco semanas antes, el general Lee se había rendido en Appomattox, Virginia. Pero solo puede conjeturarse cuanto soldados en ambos lados de la frontera que sabían los sobre el colapso sufrido por la Confederación. Algunos soldados confederados se habían ido a casa, a lo menos sintiendo que el final estaba cerca. No había duda de que el ambicioso comandante del ejército de la Unión, el general Theodore Barret, ansiaba combatir, quizá con fines de impulsar su carrera. Presuntamente sabía que ya era innecesario luchar. A pesar de todo, llevó a cabo maniobras amenazadoras en contra de Brownsville y el fuerte, y las fuerzas confederadas respondieron. El 13 de mayo de 1865, Ford y sus tropas atacaron, provocando la huida de los unionistas a toda prisa a su base en la isla Brazos de Santiago; fueron perseguidos cerca de 8 kilómetros antes de que el tiroteo cesara por completo. John Williams fue la última víctima de la Guerra Civil, que cobró la vida de 670,000, ya fuera por heridas o enfermedades. |
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